Taylor Swift declara la guerra a los ‘deepfakes’
Busca blindar su voz y su imagen ante la IA
Foto: Getty Images.
La superestrella del pop da un paso legal inédito para frenar el uso no autorizado de su identidad en contenidos generados por inteligencia artificial.
En un contexto donde la inteligencia artificial redefine los límites de la creación, Taylor Swift decidió anticiparse a los riesgos. La artista solicitó registrar su voz y su imagen como marcas comerciales ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos, a través de su firma TAS Rights Management. La movida responde al crecimiento de los llamados deepfakes, contenidos generados con IA que replican rostros, voces y gestos sin autorización. En el caso de Swift, el impacto ha sido directo: desde imágenes falsas de contenido explícito hasta su uso en contextos políticos sin consentimiento.
Uno de los episodios que aceleró esta decisión fue la circulación de imágenes íntimas falsas creadas con inteligencia artificial, así como el uso de su figura en contenidos vinculados a la campaña de Donald Trump, sugiriendo un respaldo inexistente. Ante esto, Swift busca proteger elementos clave de su identidad: frases características como “Hey, it’s Taylor Swift” y registros de su voz, incluyendo tono, cadencia y estilo. Además, pretende blindar su imagen visual, inspirada en una icónica escena de su gira The Eras Tour. La estrategia legal apunta a algo más amplio: impedir no solo copias exactas, sino también imitaciones que puedan resultar “confusamente similares”.
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El caso de Swift no es aislado, pero sí uno de los más influyentes. Figuras como Matthew McConaughey ya han registrado elementos distintivos de su identidad, mientras que Scarlett Johansson llevó a tribunales el uso no autorizado de su imagen en aplicaciones de IA. Sin embargo, la magnitud global de Taylor Swift convierte esta acción en un posible punto de inflexión. Su decisión podría impulsar nuevas regulaciones sobre propiedad digital e identidad en un entorno donde la tecnología avanza más rápido que la ley. En un mundo donde la línea entre lo real y lo artificial se difumina, Swift no solo protege su marca: intenta redefinir los límites de la identidad en la era digital.
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