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    Publicado 13 julio, 2017

    ¿Y cómo le ponen precio a James Rodríguez?

    Seguramente cualquier persona que haya visto las cuantiosas cantidades por las cuales se realizan las transacciones del mercado futbolístico se haya preguntado esto: ¿y sí valen tanto?

    Pero esta no es la única duda razonable que podría surgirle a cualquier curioso en las temporadas de ventas del deporte más popular mundo, que, debido a dicha notoriedad, maneja cantidades enormes de dinero, tanto en los salarios con los cuales compensan a los futbolistas cada temporada, como en las tasas por las cuales se valoran las fichas de estos deportistas.

    Después de ver o escuchar sobre operaciones millonarias, como la ida de Paul Pogba al Manchester United por 120 millones de euros, los casi 80 millones pagados por el Real Madrid al Mónaco F.C. por el pase de James Rodríguez, o los 40 millones de dólares prometidos al argentino Carlos Tévez en China por dos temporadas, cualquiera podría soñar en los infinitos lujos que podrían adquirirse, o la miseria que podría curarse a nivel global con la misma inyección de dinero, pero el mercado tiene algo qué decir al respecto, pues así no es como se maneja el mismo, mucho menos en industrias acostumbradas a las cifras astronómicas, como lo es, precisamente, el fútbol.

    Es por eso que el periodista deportivo de El Tiempo, Camilo Manrique, ha dejado conocer una serie de factores claves al momento de determinar tales cifras, y tal vez, responder la duda que aqueja no solo a fanáticos, sino a todos los que alguna vez han escuchado los precios con los cuales se está solventando el mercado del fútbol en la actualidad: ¿y sí valen tanto?

    La mano del mercado sigue siendo la reina

    Para dejar hablar al mercado, entonces, hay que recordar la reconocida ley de la oferta y demanda, aún si no estamos tratando propiamente de productos. En este caso, el precio corresponde a la ficha de los jugadores, por supuesto. Ésta se establece a partir de su rendimiento por cada temporada, y, de esta manera, se reduce el espectro de potenciales compradores, es decir, de aquellos que pueden acceder a determinados precios, tal como sería el caso de la transacción del argentino Gonzalo Higuaín, quien pasó del Napoli a la Juventus hace un año, por un precio de 90 millones de euros. Una cantidad ciertamente inalcanzable para la mayoría de los clubes del mundo, justificada por el hecho de que el Pipita fue uno de los cuatro jugadores a nivel mundial que anotaron 40 goles en aquella temporada.

    Hay otras fórmulas

    Pero no todo es oferta y demanda, pues de acuerdo al portal Futbolfinanzas, hay un sistema que permite manejar la escala de precios de manera más representativa, de acuerdo a una serie de variables puntuales por medio de las cuales se puede evaluar el precio de cualquier deportista de alta competencia.
    Se trata del sistema Merc, el cual se define a partir de cuatro puntos específicos a tener en cuenta en el momento de tasar al jugador: coeficiente de juventud, repercusión mediática, posición dentro del campo de juego, y necesidad del club por el jugador.

    Esto explica, entre otras cosas, por qué un jugador que se encuentra recorriendo los últimos tramos de su carrera no podría ser el más costoso del mundo, pues en sí, no representaría una inversión saludable para un club que buscaría beneficiarse durante mucho tiempo de su buen fútbol. Además, como en el caso de James Rodríguez, la repercusión mediática es un valor agregado, pues los ingresos que cada jugador produce debido a movimientos de marketing representan, a su vez, ganancias para los clubes. El caso de James lo confirma: de los 9 millones de euros generados por el 10 de la Selección Colombia el pasado año en concepto de publicidad, el 50% terminó, contractualmente, en las arcas del Madrid. Todos estos aspectos deberán ser tenidos en cuenta por el Bayern Múnich si decide hacerse con el pase de James, en caso de que rinda en su tiempo en el club bávaro en calidad de cedido.

    ¿Y el factor humano?

    James, además, es un ejemplo de jugador que, en medio de su carrera exitosa a nivel títulos, también ha tenido una disciplina férrea para llegar a ser profesional, pues no todos los que hacen parte del mundo futbolístico cuentan con el mismo talante, y este un problema que puede llegar a perjudicar la caja del club, tomando en cuenta que podrían terminar haciendo gastos grandes en terapias, consejería, o incluso a nivel jurídico.

    Todo esto podría darse en caso de que el jugador no tenga los pies puestos en la tierra y puede terminar generando problemas o escándalos que al club no le convendría tener asociados a su nombre. El reconocido agente de futbolistas colombiano, Efraín Pachón, lo resume así: “encontrar jugadores que no tengan vacíos humanos es muy importante, porque alguien con cualquier vicio o conflictivo va a bajar su precio notablemente”.

    ¿Y en Colombia qué pasa?

    Precisamente uno de los jugadores representados por Pachón, el reconocido Teófilo Gutiérrez, hace parte de los movimientos que marcaron el mercado colombiano en este libro de pases, donde Junior de Barranquilla rompió la alcancía, y no solo puso en la mesa 2 millones de euros por el pase del jugador que saldría de su propio semillero, sino que también realizó la transacción más costosa en la historia del fútbol nacional: 4.5 millones de dólares por el caleño Jimmy Chará, proveniente del fútbol mexicano, una liga acostumbrada a los pases y salarios altos.

    Este cartel de fichaje récord, en todo caso, pone en los hombres del jugador la responsabilidad de responder a las expectativas del club, lo cual al ser cubierto, puede llegar a representar mayores entradas en taquilla, éxitos deportivos y mejores ingresos por publicidad, haciendo así de cada inversión bien retribuida no solo una obviedad en el éxito económico, sino que últimamente se ha venido convirtiendo en una constante necesaria para los logros deportivos, como demuestran los casos de Real Madrid en Europa, o Atlético Nacional en Colombia.

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