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  • MÚSICA

    Publicado 16 junio, 2017

    La misión inconclusa de Martín Elías

    Por: Alfredo Baldovino Barrios

    Un repaso a la carrera y a la vida de quien estaba destinado a abanderar el legado de su padre y a construir su lugar propio en la tradición vallenata.

    Más tardó en ocurrir el hecho que en darse a conocer por todas partes: Martín Elías, hijo del Cacique de la Junta, Diomedes Díaz, y líder de su propia agrupación, se había accidentado en una carretera de Sucre la mañana del Jueves Santo de este año. Según las primeras versiones, un motociclista ebrio habría invadido el carril en que se desplazaba el cantante con su comitiva, y el conductor, tratando de no arrollarlo, habría perdido el control del volante en un bache del camino. Otros, confiados en sus creencias, achacaban el accidente a un designio cósmico, a una lección divina que pretendía servir de escarmiento a quienes no guardaran en el futuro el respeto que se les debe a las fechas sagradas.

    Una cosa era segura: no viajaban despacio. En un punto anterior del trayecto, Martín Elías y sus acompañantes rebasaron el carro del acordeonero, Rolando Ochoa, y en el momento del incidente, el carro dio varias cabriolas, y alcanzó a partir la rama de un árbol que se encontraba a varios metros de altura. Las primeras escenas que se transmitieron por las redes sociales eran dramáticas. Unas mostraban el automóvil destrozado, otra al cantante resbalando de la camilla en que acababan de traerlo al hospital, y una más, rayana en el amarillismo más escandaloso, propio de un periódico de baja estofa, un cuerpo magullado y sangrante en un precario cuarto de hospital.

    Los indicios eran desesperanzadores. Sin embargo, por alguna razón inexplicable, se tenía la creencia de que el artista no podía morir ¿O sí? No. Esta vez no. Los médicos lo reanimarían y a los pocos meses podría subirse nuevamente a un escenario. Tendría una vida larga y exitosa, sin los mismos tropiezos de su padre y tomaría nota del hecho para que no volviera a darse en el futuro. No podía ser cierto que el destino jugara con las cartas sobre la mesa, que se calcara a sí mismo, y cantara a voz en cuello sus próximas jugadas. Porque era una escena repetida con distintos protagonistas, un déjà vu intrigante, como si algún extraño poder se obstinara en segar las vidas de los artistas vallenatos que se acercan con demasiada rapidez hacia su consagración, o una metáfora viva del ideal griego en la época clásica, asumiendo que es preferible una vida corta y gloriosa que una larga llena de achaques.

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    Gracias a Dios disfrutando en familia 🙏🏾hijos míos los amo 😍

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    GANAMOS COLOMBIAAAAAA gracias a Dios,aquí la delantera jajajajajaj @dayanajaimes55

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