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    Publicado 16 noviembre, 2017

    ¿HACIA DÓNDE NOS LLEVA EL RÍO?

    Desde hace unos años, reconciliar a la ciudadanía con el Río Magdalena y garantizar la plena navegabilidad del mismo son las tareas más importantes que sostiene la comunidad barranquillera. Después de innumerables esfuerzos y grandes inversiones, las autoridades involucradas en la materia opinan al respecto.

    Las obras que buscan rehabilitar esa relación son parte fundamental de este proceso, porque es la única garantía de que el pueblo empiece a mirar el río y su potencial como un patrimonio propio y cercano.

    El pasado mes de mayo se cumplieron cinco años de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos, un acuerdo que, entre los argumentos de partidarios y opositores, dejaba clara una preocupante realidad: Barranquilla, a pesar de ser un puerto estratégico, con condiciones privilegiadas para la afluencia marítima del país, no contaba con los estándares mínimos para competir con grandes terminales portuarios a nivel internacional. La infraestructura de la ciudad no presentaba un panorama más alentador, y aunque venía en marcha un proceso de mejoramiento, eran muchas las tareas pendientes.

    Desde entonces, la atención y el presupuesto de los gobiernos locales y nacionales, al igual que los de las agremiaciones y la ciudadanía en general, han estado puestos en los procesos de desarrollo de la ciudad, conscientes de las oportunidades y necesidades que presenta Barranquilla para alcanzar un ideal que, como en otros tiempos, es imperativo para el desarrollo del país. El resultado no ha desmerecido los objetivos trazados, el nivel de crecimiento en materia hotelera e inmobiliaria llega a volúmenes que superan con creces el cien por ciento con respecto a épocas anteriores, y esta bonanza parece estar en pleno apogeo.

    Pero el problema no es sólo una cuestión de infraestructura. El gobierno local ha sido consciente del error que cometieron antiguas administraciones al quebrantar la relación entre el río y la ciudadanía, el sentido de pertenencia que los barranquilleros tenían con el Magdalena. Es por eso que las obras que buscan rehabilitar esa relación son parte fundamental de este proceso, porque es la única garantía de que el pueblo empiece a mirar el río y su potencial como un patrimonio propio y cercano. El pasado mes de julio la Alcaldía de Barranquilla hizo entrega a la ciudadanía del primer tramo del malecón del Río Magdalena. Esta obra es el símbolo de la intención de la administración distrital de reconectar a la ciudad con esas corrientes que posibilitaron su origen y que a lo largo de la historia ha sido responsable de su subsistencia.

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