Susurros, vetos y excesos: Lo que no se vio en la fiesta de los Oscar de Vanity Fair
La mítica celebración posterior a la gala de la Academia volvió a ser el epicentro de la indiscreción en Hollywood, con Madonna, Brad Pitt y una lista de invitados que generó más titulares que los propios premios
Si los premios Oscar son el protocolo, la fiesta de Vanity Fair es el desahogo. Como cada año, el Centro Wallis Annenberg para las Artes Escénicas de Beverly Hills abrió sus puertas para recibir a la élite del cine, la música y la moda, pero lo que ocurrió tras las cámaras fue una mezcla de reencuentros inesperados y tensiones de última hora. Entre hamburguesas de In-N-Out y copas de champán, la noche dejó anécdotas que ya forman parte de la mitología de Hollywood.

Foto: Ron Galella (Getty Images)
El momento más analizado de la velada ocurrió en una de las zonas VIP, donde la Reina del Pop y Brad Pitt compartieron un largo y animado intercambio. Según testigos presenciales, Madonna —quien lucía un imponente look gótico de encaje— se acercó al actor y le susurró algo al oído que provocó una sonora carcajada en el protagonista de Wolfs. Aunque el contenido de la charla permanece en el misterio, la cercanía entre ambos despertó de inmediato el interés de los presentes, consolidándose como la imagen de la noche.
No todo fue armonía en la alfombra azul. Uno de los momentos más tensos de la noche ocurrió en el control de acceso, donde se le denegó la entrada al manager de la cantante Courtney Love. A pesar de las protestas del representante y de la propia artista, la organización se mantuvo firme en su política de invitaciones personales, demostrando que en la fiesta de Vanity Fair, ni siquiera el estatus de leyenda del rock garantiza el acceso a sus acompañantes si no figuran en la lista oficial.
Mientras algunos ganadores como Cillian Murphy o Lily Gladstone paseaban sus estatuillas doradas por la pista de baile, otros se centraban en el menú
Es ya una tradición que las estrellas abandonen las dietas estrictas apenas termina la gala; se pudo ver a Rosalía compartiendo pizzas con Jeremy Allen White, mientras que las bandejas de hamburguesas circulaban entre vestidos de alta costura de Dior y Schiaparelli.

Foto: TPLP (Getty Images)
La noche cerró con una sensación de victoria para la industria. Tras una temporada de premios marcada por la recuperación del cine en salas, el after-party de Vanity Fair sirvió como el broche de oro perfecto: un lugar donde las jerarquías se diluyen y donde, por unas horas, las estrellas se permiten ser simplemente los protagonistas de una gran fiesta.