IV Encuentro Internacional de Carnavales del Caribe: ¡La hermandad de la alegría!
Juan José Jaramillo, director de Carnaval de Barranquilla, explica cómo la celebración más grande de Colombia tiende puentes de diálogo internacional entre la tradición, la innovación y la sostenibilidad
El encuentro como plataforma de internacionalización
Para Juancho Jaramillo, el IV Encuentro Internacional de Carnavales del Caribe, que realizará Carnaval de Barranquilla entre el 25 y el 26 de septiembre del presente año en la Universidad del Norte, no es una cumbre más. “Es una oportunidad para poner en diálogo saberes y prácticas carnestoléndicos que funcionan en el Caribe en contextos distintos, pero que enfrentan desafíos y poseen potenciales comunes”, señala. Desde su perspectiva, es la oportunidad perfecta para compartir y aprender de experiencias que pueden enriquecer la agenda local y generar alianzas que trasciendan la celebración. Por supuesto, también es el espacio ideal para compartir parte del conocimiento cultural y de gestión corporativa que genera la fiesta barranquillera. Tal visión potencializa el patrimonio como recurso productivo y como vehículo de diplomacia cultural.
Por otro lado, la convocatoria a delegaciones del Caribe y socios internacionales atrae visibilidad y abre mercados para la ciudad. Juancho Jaramillo destaca que la capitalización de ese intercambio será tangible en el Carnaval de Barranquilla 2026. “La idea es incorporar prácticas de sostenibilidad, nuevas formas de participación comunitaria y propuestas que fortalezcan la economía creativa local”, explica. En su lectura, el aprendizaje horizontal entre carnavales posibilita la adaptación de soluciones probadas que pueden pilotearse en la próxima edición de la fiesta.
¿Qué es el Encuentro Internacional de Carnavales del Caribe y qué trae en su cuarta edición?
El encuentro busca demostrar que los carnavales del Gran Caribe son más que celebración. “Se trata de economías culturales que generan empleo, vínculos sociales y proyección internacional”, explica Jaramillo. La iniciativa propone convertir a Barranquilla en un ‘hub’ de conocimiento y cooperación cultural que promueve el turismo responsable y las políticas públicas colaborativas. En su IV edición, el evento convocará delegaciones internacionales, instituciones multilaterales y actores académicos para compartir prácticas y producir un “Manifiesto de Barranquilla” que oriente la gobernanza cultural regional.
Retos y estrategias para la sostenibilidad del Carnaval
A propósito del inminente encuentro, Juancho Jaramillo señala la pertinencia de abordar ejes temáticos adscritos a la diversificación de ingresos, la profesionalización de las cadenas productivas que rodean la fiesta (artesanos, vestuaristas, guías, operadores turísticos) y la necesidad de equilibrar tradición y modernidad sin mercantilizar el patrimonio. “Debemos impulsar productos y experiencias 365 días al año, fortalecer la economía creativa para que los hacedores obtengan ingresos sostenibles y apostar por la innovación digital para abrir nuevos mercados”, sugiere.
En la práctica, su visión implica construir productos turísticos complementarios y diseñar modelos de negocio que remuneren directamente a los creadores. Jaramillo insiste en que la sostenibilidad económica se construye desde la base, a partir de contratos más justos para artesanos y formación técnica para que el talento local se profesionalice y pueda acceder a cadenas de valor más rentables.
Retos convertidos en pilares de acción
Cómo traducir la fiesta en políticas públicas
Para Juancho Jaramillo, el Carnaval de Barranquilla es un proyecto de ciudad, toda vez que en su ecosistema se genera empleo y se estimula la identidad colectiva y el turismo. “El IV Encuentro Internacional de Carnavales del Caribe es solo una de las muchas estrategias que desarrollamos para atraer confianza, diálogo y conocimiento”, explica. La perspectiva de convertir la experiencia en memoria no es un anhelo inocente, sino una manera de dejar testimonio eterno.
A su juicio, los carnavales del Caribe deben ser leídos como ecosistemas culturales hermanados que, bien gestionados, se convierten en motor de desarrollo. “Barranquilla, sin duda, tiene mucho que decir al respecto”, indica Juancho, “pero también mucho que aprender”. El encuentro internacional es el escenario ideal para ello. Si bien el desafío subyacente es ambicioso, el plan que se ha fijado ofrece una perspectiva optimista hacia la consolidación del goce como marca distintiva de Barranquilla y sus territorios hermanos.