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  • MÚSICA

    Publicado 2 enero, 2026


    El renacer del vinilo: rebeldía análoga en la era del clic moderno

    La tendencia a optar por los discos en este clásico formato a la hora de escuchar música viene en aumento durante las últimas dos décadas. Una exploración del fenómeno entre coleccionistas, melómanos y vendedores

    Por Jorge Cantillo Barrios | @mono.onvinyl


    Un diamante reposa sobre el plástico inerte. Es la punta de una aguja que entra al surco de un disco de vinilo. El giro del tornamesa acciona un proceso antiguo, rudimentario y mágico, en el que con cada nuevo movimiento aparece el sonido. Primero la “fritura”, esa estática deliciosa característica de este formato análogo, y luego ¡la música!

    Foto: Jorge Cantillo

    La historia comenzó en 1877, cuando Thomas Edison inventó el fonógrafo, que grababa sonido en cilindros de cera. Diez años después, el gramófono introdujo discos planos, y en 1948 Columbia Records presentó el ‘long play’ de 12 pulgadas, más resistente y fiel: el estándar que hoy conocemos como el disco de vinilo.

    Pero ¿cómo un formato de casi 150 años, declarado muerto en décadas pasadas, vive su mayor auge en el último siglo?

    Tras cuatro años coleccionando, decidí buscar respuestas más allá de mi experiencia. Hablé con coleccionistas, melómanos y vendedores para entender este fenómeno que crece en Colombia y el mundo. Esto fue lo que me dijeron. 


    El vinilo en la era digital

    Andrés Racedo Llanos, mejor conocido como Milbo, tiene una tienda virtual de vinilos que cumplió su primer año el pasado 23 de septiembre. 

    Para él fue el ‘Wish You Were Here’, de Pink Floyd, el que empezó todo. Un álbum que recibió como regalo de cumpleaños de su novia y conservó como una reliquia durante un año antes de comprarse su primer tornamesa. Desde entonces, la afición por comprar música se salió de control.

    Dos años de coleccionismo le dieron la idea de transformar el ‘hobby’ en negocio y entendió que en el vinilo había algo especial.

    “Empecé con un lote de salsa, pensando que en Barranquilla eso se iba a mover más, pero en la ciudad hay una sobreoferta de salsa en vinilo, sobre todo en el mercado de segunda. En este género se encuentran muchos discos usados más baratos que los nuevos”, afirma.

    Foto: Andres Racedo de Milbo Records

    Eso lo llevó a ampliar su catálogo, y hoy vende de todo un poco: desde jazz hasta rock, desde disco hasta hip-hop y música alternativa. Entrando en su segundo año, Milbo Records está en expansión y ha encontrado un nicho de clientes fieles que compran regularmente allí.

    “En Barranquilla no hay muchas tiendas de vinilos nuevos, a diferencia de Bogotá o Medellín, donde el mercado está saturadísimo. Por eso quiero expandirme por el Caribe, apuntar a Santa Marta y Cartagena como nuevos nichos”, resalta.


    El mercado de lo usado y lo nuevo

    El mercado de lo usado en Barranquilla, al que se refiere Milbo, vive sobre todo en las calles del centro histórico, donde hay tiendas de vinilos como Discolombia, un santuario de la música que alberga, según su actual propietario, Shane Butrón, más de 200 mil discos.

    Shane es la tercera generación de una familia dedicada a la música y a los vinilos. Su abuelo fundó en los años 1960 un sello discográfico llamado Felito Records, que grabó a artistas como la Niña Emilia, Dolcey Gutiérrez, Pedro “Ramayá” Beltrán y Lisandro Meza, entre muchos otros.

    El éxito fue tal que llegaron a tener tiendas en más de cinco municipios y unas veinte sedes solo en Barranquilla. Con el ocaso del vinilo, todos esos discos quedaron guardados en la única sede que aún sobrevive: una cápsula del tiempo donde pueden encontrarse tesoros nunca usados de hace más de 30 o 40 años.

    Pero también hay gente joven que ama los “vinilos de época”, como Rafael Blanco, de 28 años, quien lleva el último lustro de su vida comprando y vendiendo discos, y moviéndose entre ferias de coleccionistas en ciudades como Medellín, Bogotá y la propia Barranquilla. 

    Mr. Vinilo, su tienda, ya es un nombre establecido entre los melómanos de estas ciudades, y el  Pulguero Musical, un evento itinerante que realiza periódicamente, un espacio para buscar tesoros a precios económicos y crear comunidad. 

    “Más que una moda, el vinilo es poder palpar la música, sentir que es tuya, que te pertenece”, dice, y resalta que el arte de las portadas y las ganas de compartir la música con otros son dos atractivos clave del vinilo. 

    Rafa cuenta que su afición por el formato comenzó gracias a una investigación sobre la cultura ‘picotera’ que hizo cuando estaba en la universidad. Ahí conoció la importancia de la música física y la guerra que había entre los diferentes ‘picós’ por tener la canción que prendiera como ninguna las fiestas populares.

    Cuando llevaba unos veinte vinilos de salsa, decidió comprar su primer tornamesa y no hubo vuelta atrás. Hoy comercia con vinilos y es ‘selector’, y aunque su fuerte es el mercado de lo usado, a medida que sus eventos se fueron haciendo conocidos sintió la necesidad de expandir su catálogo y ofrecer vinilos nuevos.

    “Empezamos con segunda mano, era lo principal, y hacíamos un gran trabajo de restaurar vinilos, limpiarlos y adecuarlos para venderlos. Me di cuenta de que hay un mercado reciente que también empieza a querer vinilos nuevos y hace unos seis meses comenzamos a invertir en ellos”, afirma.


    «Para los que apreciamos más la música en formato físico, el vinilo es el rey. Es un objeto de colección, por las portadas y todo lo que tiene dentro»


    Una industria que se resiste a morir

    No se equivoca. Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en inglés), el mercado del vinilo lleva 18 años reportando crecimiento a nivel global, aumentando un 4,6% en 2024 y alcanzando un pico histórico en 2022 con un 17% de crecimiento.

    Hoy por hoy, el vinilo constituye el 75% del consumo de formatos físicos, algo impensado a principios de siglo, cuando el reinado del CD estaba en su pico más alto. La demanda no solo proviene de reediciones: el 44% de las ventas de vinilos son de nuevos lanzamientos, lo que indica un mercado activo impulsado por artistas actuales.

    Y aunque en Colombia no tenemos datos específicos de ventas de vinilos, sí los hay de tornamesas, otro mercado al alza directamente relacionado con su resurgimiento. Según Cognitive Market Research, para 2025, Colombia aporta el 8,11% de todo el mercado suramericano de tornamesas, ubicándose tercera detrás de Brasil y Argentina. 

    Bogotá es una de las plazas donde más se venden vinilos y tornamesas, y es común ver pequeñas tiendas floreciendo cada vez más en diferentes sectores de la ciudad. Una de ellas es Tree Little Birds, ubicada sobre la carrera 7.ª con 56 y fundada por una pareja de amantes de la música: Eugeny y Nicolás. 

    Foto: Eugene y Nicolás de Tree Little Birds

    “Para los que apreciamos más la música en formato físico, el vinilo es el rey. Es un objeto de colección, por las portadas y todo lo que tiene dentro”, nos cuenta Eugeny. Ella destaca el sentido de nostalgia, de “volver a lo básico, lo de antes”, y el ritual de la escucha que “en un mundo tan rápido como el de hoy es lo más valioso”. 

    Su tienda ya cumple 12 años y se caracteriza por ofrecer todo tipo de géneros, vender tanto discos nuevos como de segunda, pero sobre todo por brindar un espacio íntimo con “la ‘vibra’ de esas tienditas de Estados Unidos o de Europa”, que no tienen un inventario gigante, pero sí muy bien curado.

    Para Eugeny, el vinilo “nunca se fue”, sino que se mantuvo vivo entre los coleccionistas y melómanos que “siempre estuvieron ahí”. Sin embargo, reconoce que ahora hay nuevos públicos y nuevas generaciones interesándose por el formato.


    «Más que una moda, el vinilo es poder palpar la música, sentir que es tuya, que te pertenece»


    El romanticismo y la poesía 

    Dolcey Torres es uno de esos coleccionistas que nunca abandonaron el vinilo y que ha dedicado su vida a almacenar una de las colecciones personales más valiosas de música afrocubana del país. En sus estimados más conservadores, afirma que puede estar superando los 10 mil vinilos, entre los que destacan primeras ediciones, discos que no existen en otros formatos y tesoros rarísimos por los que incluso llegó a intercambiar un carro.

    “Yo nací con el vinilo y así conocí la música”, afirma Dolcey, quien también es representante a la Cámara por el Atlántico. Para él hay una magia especial en el acetato —como prefiere llamarlo—,  que parte de la imperfección: “Antes se metían todos los músicos a grabar los temas y eran orquestas grandísimas. Por más versados que fueran, siempre quedaban errores, había más sentimiento. Creo que en la imperfección de las cosas que realmente se hacían en vivo radica el encanto”, sostiene.

    Esa imperfección lo ha llevado a amar el sonido de los discos viejos o de época, y a valorar la rareza de conseguir una copia específica más que lo bien que pueda sonar. Aunque no es fanático de las reediciones, le gusta ver que hay gente joven volcándose al formato y encontrando en él una forma de expresar amor por la música.

    “Siempre habrá gente joven que le guste la poesía”, afirma, y define a los amantes del vinilo como “seres románticos”.

    “Para mí el vinilo es romántico, porque toma tiempo sacar el disco, limpiarlo, leer la carátula, poner la aguja, que caiga donde quieres… esa vaina tiene su encanto, es como cortejar a una mujer”, dice.

    Dolcey reconoce que uno de los grandes retos del vinilo es la cantidad de espacio que ocupa. Él mismo tiene un estudio grandísimo en su casa en Barranquilla dedicado a almacenar su colección. Esto representa un reto en el mundo moderno, donde las casas cada vez son más pequeñas, pero esa limitante ha vuelto más especial al vinilo, porque se requiere dedicarle un espacio propio.

    Foto: Dolcey Torres

    “Todo eso hace parte de la magia y el romanticismo lo envuelve. Por eso es difícil que desaparezca”, sentencia.

    El ritual lento, exigente y poético, el sentido de pertenencia, la comunidad, la dedicación del espacio y toda la inconveniencia que trae consigo el vinilo son, quizás, lo que lo sostiene en la era del clic moderno. En nuestro mundo frenético y consumista, escuchar un disco de vinilo es un acto de rebeldía, una apuesta por la eternidad análoga en medio de la frivolidad tecnológica.

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