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    Publicado 11 agosto, 2016

    Vida virtual: el fenómeno youtuber

    Por: Ignacio Castro Stolkiner

    Los invitan a ferias, entregas de premios y hasta al mismísimo despacho del Papa. Muchos son tan famosos que no pueden salir a la calle sin ser acosados por sus fans. Otros se animan a pegar el salto al mundo material publicando libros. A diez años del lanzamiento de YouTube, el fenómeno de los youtubers no para de crecer. No es ninguna novedad que ciertos medios de entretenimiento tradicionales están perdiendo terreno.

    Los consumidores de hoy en día quieren tener lo que quieren en el momento que quieren y de la manera que quieren. En lugar de esperar que sea la hora de ver una serie en televisión, pueden entrar a Netflix y verla, en lugar de salir a comprar un disco lo pueden escuchar instantáneamente en Spotify. ¿Qué sucede cuando el contenido no está disponible, cuando no alcanza o no representa? Pues en la era de la interactividad digital la solución para muchos es simplemente crearlo con lo que tengan a mano y subirlo a la red. En ese mundo híper-conectado tiene que haber al menos una persona más que tenga el mismo interés.

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    Hazlo tú mismo

    ¿Quiénes son entonces los youtubers y quiénes su público? En su mayoría son jóvenes o adolescentes, los llamados millenials. Nativos de la era digital, cuyas vías para comunicarse y consumir son radicalmente distintas a las de las generaciones anteriores. Entre los “generadores de contenido” (categoría que engloba a bloggers, youtubers y todos aquellos que se dedican a difundir sus creaciones en las plataformas digitales) y su público hay una relación esencialmente horizontal. Cualquiera que tenga Internet y una cámara puede grabarse a sí mismo, subir sus videos a la red y hacerse youtuber. Son los mismos jóvenes los que crean los videos y los que los ven. Hay un pacto generacional que se sella porque la comunicación se da en un lenguaje que quienes pertenecen a otras generaciones no manejan. Y hablan de las cosas que les interesan: videojuegos, libros, películas, maquillaje o simplemente la experiencia de ser joven en la era de la hipercomunicación. Entonces, ¿cómo es qué se convierte un youtuber en ídolo?

    “Agarrar una cámara, ser tú mismo y hacer lo que te guste. De ahí en más, dejar que fluya. Con trabajo, dedicación y esfuerzo, todo llega y todo es posible. Ser ‘youtuber’ no es una cosa imposible, cualquier persona es capaz”, sostiene Luana, dueña del canal Prima Vikinga, que cuenta actualmente con más de 400.000 seguidores. Efectivamente todos los youtubers exitosos tienen algunas cosas en común: son frescos, divertidos, espontáneos y se comunican directamente con su público de igual a igual. Piden comentarios, opiniones y responden a ellos generando un “nosotros”, una idea de pertenencia y comunidad.  Entrevistado por el diario Semana, Luzu (youtuber que se dedica a comentar videojuegos) pone el acento en este aspecto: “Hay una conexión más fuerte con la audiencia porque siempre hay diálogo; interactuamos con ellos, nunca estamos desconectados porque constantemente estamos contando algo a nuestra audiencia y eso hace que haya una relación estrecha entre nosotros y nuestro público”.

    Para muchos de estos jóvenes, sus canales son más que un pasatiempo, muchos efectivamente viven de ellos y les va más que bien. La plataforma Youtube paga a sus generadores de contenido una parte de lo que gana por la publicidad que pone antes de sus videos y, si bien el importe varía por temática o por región, se puede promediar en un dólar cada mil vistas. Esto ya da una idea de las dimensiones que tiene que adquirir un youtuber para vivir de sus creaciones. Hablamos de miles a millones, tanto de suscriptores como de vistas por video. El ranking que publicó Forbes de los diez youtubers mejor pagos del mundo está encabezado por los Fine Brothers (con su canal en que captan las reacciones de la gente a distintas cuestiones) y el dúo cómico Smosh empatados en segundo lugar con 8,5 millones de dólares al año, y PewDiePie en la cima con su canal sobre videojuegos, que tiene 40 millones de suscriptores y le genera 12 millones de dólares al año. Aquí en Colombia también tenemos referentes como Juan Pablo Jaramillo, Sebastián Villalobos y Juana Martínez, los tres con canales en los que cuentan de sus vidas y dan sus opiniones sobre asuntos diversos y todos con más de un millón de seguidores. También está el caso curioso de JulioProfe, que se dedica a subir videos explicando problemas matemáticos de una forma entretenida y accesible y que en términos de números no tiene nada que envidiarles a los anteriores tres.

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    Para todos los gustos

    El fenómeno youtuber ha crecido tanto en los últimos años que se han dado algunas situaciones algo insólitas para lo que en principio parecía simplemente una persona con una cámara grabándose y colgando sus videos en Internet. Un caso paradigmático es el del youtuber español que fue detenido por tener un canal en el cual explicaba cómo fabricar armas en casa. Su domicilio fue allanado y se le secuestraron varias docenas de armas pesadas, desde estrellas ninja hasta lanzagranadas, fabricados con elementos que cualquiera podría comprar en una ferretería. Algunos de sus modelos estaban diseñados especialmente para pasar controles aeroportuarios. Su canal tenía más de 600.000 seguidores.

    Otro caso absurdo es el de los británicos del canal de bromas YouTubeTrollstation, que decidieron simular un robo a la National Portrait Gallery y terminaron tras las rejas. Los jóvenes entraron al museo con medias en sus cabezas y cuadros en sus manos gritando que era un asalto. Al verlos   los asistentes del museo huyeron despavoridos y llamaron a la Policía. Luego de aclarar el asunto, ambos fueron condenados a nueve meses de prisión. Interrogado por los medios, uno de ellos declaró que “en papel era una buena idea; sin embargo, no terminó bien”.

    Dentro de la comunidad youtuber hay un grupo que viene destacándose y dando bastante que hablar: los booktubers. Estos adolescentes y jóvenes dedican sus canales a reseñar y discutir los libros que leen e intercambiar opiniones con sus seguidores. Fantasía, ciencia ficción, realismo y otros géneros de la llamada “literatura juvenil” son los que más se ven en sus canales. En contra del mito que sentencia que “los jóvenes ya no leen”, ellos no solo leen sino que opinan, reseñan y debaten. Además, le ponen los pelos de punta a la élite de críticos literarios que no solo consideran que estos libros no tienen valor literario sino que han dicho muchas veces que estas opiniones “no calificadas” no tienen validez. Frente a una educación que les impone la lectura de los clásicos que los aburren monstruosamente, estos jóvenes se apropian del placer de leer y les dan un espacio a sus congéneres para compartir sus verdaderos intereses. Sea cual sea el valor de lo que hacen, lo cierto es que las editoriales los están empezando a tomar como referentes y, en muchos casos, les envían libros para que reseñen y hasta (para escándalo de la crítica especializada) se los invita a dar charlas a ferias de libros.

    En resonancia con el éxito económico de los youtubers, han surgido varias agencias que se dedican a asesorarlos y publicitarlos haciendo las veces de mánagers. Estas empresas tomaron consciencia de que los jóvenes ya no consumen contenido por los medios tradicionales como la radio y la televisión, y apostaron a la profesionalización de los youtubers. La empresa 2btube, orientada a generadores de habla hispana, tiene hoy en día más de 500 clientes que suman más de 40 millones de suscriptores. Según Patricia Gómez, directora de marketing del grupo, “se trata de que el video tenga valor en sí mismo” y para eso tienen un riguroso proceso de selección de aspirantes. Además, para aquellos que aún no tienen muchas visitas, han fundado la 2bacademy en donde enseñan técnicas para mejorar los canales y llegar a más audiencia.

    Si bien no sabemos qué quedará de todos estos ídolos en un futuro lejano, por ahora el fenómeno de los youtubers no para de expandir su influencia y habría que, al menos, empezar a reconocerlo.

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