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    Publicado 25 abril, 2017

    La moda china llega a Occidente

    Por Andrea Torremare

    En los años cincuenta, la ascética figura del líder chino Mao Zedong irrumpió en la escena mundial con su traje campesino de chaqueta abotonada hasta la barbilla, lo que inspiró la moda masiva de lo que se llamó “cuello Mao”. Fue el rasgo más visible de una influencia que el gran país del Lejano Oriente venía ejerciendo sobre los más talentosos diseñadores de Occidente, que encontraron en el arte y la cultura chinas una fuente de creatividad inagotable. Hoy, en la era de las megafusiones empresariales, cuando la industria de la moda se concentra cada vez más en pocas manos, China está buscando ser mucho más que una fuente de inspiración para otras potencias y un mercado gigantesco para las grandes marcas extranjeras, para empezar a producir su propio diseño, inspirado en una cultura milenaria.

    El gigante asiático, que emergió como la segunda potencia mundial en este siglo, es una cantera de nuevos talentos que luchan por crear sus propias marcas y acabar con el mito de que su país es un gran fabricante de productos de diseños ajenos. Uno de esos nuevos nombres es Guo Pei, que ha llegado a los grandes centros de la moda gracias al vestido que lució la cantante, modelo y diseñadora barbadense Rihanna en la gala del Metropolitan Museum of Art (MET) de 2015, un imponente traje amarillo canario que fue la sensación del evento. Diseñado en 2008, el equipo de Guo Pei tardó aproximadamente 50.000 horas durante dos años para confeccionarlo. Pesaba unos 25 kg; de hecho, Guo Pei tenía dudas de que la delgadísima Rihanna pudiera soportarlo, pero la modelo apareció en la alfombra roja seguida por un séquito de tres personas que sostenían el enorme ruedo. Las primeras reacciones del público fueron innumerables memes que se viralizaron en las redes sociales, con imágenes burlonas de tortillas y pizzas, hasta que el famoso vestido ocupó la portada de la edición de Vogue dedicada a la Gala del Met.

    Precisamente, el cruce entre cultura china y moda occidental tuvo una magnífica escenificación en la última primavera neoyorquina, cuando el Met se vistió de gala para acoger la exposición de moda anual del Centro del Vestuario Anna Wintour (llamado así por la famosísima editora en jefe de Vogue y presidente anual del  Met Gala), que en la edición 2015 estuvo dedicada a la influencia de la cultura china en las creaciones de los grandes diseñadores de todos los tiempos. Y, como todos los años, la muestra culminó con la gala tradicional que reúne multitud de celebridades y sirve para recaudar los cuantiosos fondos necesarios para financiar las exposiciones, publicaciones y adquisiciones del The Costume Institute. Beyoncé, Sarah Jessica Parker, Anne Hathaway, Madonna, George y Amal Clooney, Miley Cyrus y Naomi Campbell fueron algunos de los famosos que asistieron en esta ocasión. Lady Gaga lució una suerte de kimono japonés de Balenciaga, en tanto que Jennifer López se mostró con un vestido semitransparente que evocaba un dragón rojo. Los cronistas señalan, por otro lado, que sorprendentemente las celebridades que más atrajeron al público fueron las actrices y modelos chinas, entre ellas Zhang Ziyi, Shupei Qin y Tang Wei, y los vestidos de diseñadores chinos.

    La gigantesca exposición, que ocupó una superficie de 30.000 m2, con el título “China: Through the Looking Glass” (“China: A través del espejo”), mostró en paralelo obras de arte chino antiguo de la colección del MET con piezas de alta costura de inspiración china pertenecientes al Costume Institute, el departamento de historia de la moda del museo. Entre los 40 diseñadores representados, se destacaron las creaciones de Cristóbal Balenciaga, Roberto Cavalli, Coco Chanel, Bulgari, Tom Ford para Yves Saint Laurent, Marc Jacobs para Louis Vuitton, Ralph Lauren, Karl Lagerfeld para Chanel, Alexander McQueen, Martin Margiela, Vivienne Westwood y otros. También hubo varios chinos, entre ellos Guo Pei, la primera diseñadora de ‘haute couture’ de su país.

    En la muestra se exhibió, por ejemplo, una exquisita caligrafía china del siglo X junto a un vestido de Chanel de 1956 y otro de Christian Dior de 1951 con estampados inspirados en los típicos ideogramas de la escritura de ese país, y refinadas porcelanas de la dinastía Ming emparejadas con un vestido de Cavalli, así como lujosas túnicas imperiales rodeando un vestido de noche de Valentino. Un exquisito vestido con reminiscencias de loto de Guo Pei estaba rodeado de estatuillas del Buda, y las creaciones del maestro Cristóbal Balenciaga reflejaban la legendaria exportación de seda china, al igual que un mantón naranja de Jean Paul Gaultier, en tanto que la tradicional porcelana china en blanco y azul de la dinastía Yuan (1271-1368) fue recogida por un vestido de noche de Alexander McQueen de 2011, un vestido de cóctel de Roberto Cavalli para su colección de la pasarela primavera/verano 2005 y por otro de Alexander McQueen para la de otoño/invierno 2011. La misma sala exhibió también la obra del artista chino Li Xiaofeng, y su vestido-escultura de fragmentos de porcelana de azules y blancos, llamado “El Peso del Milenio” (2015).

    Los sensuales qipaos (el elegante traje tradicional de las mujeres chinas de clase alta) de la época republicana y joyas, porcelanas, telas y bronces de distintas épocas de la historia china, enmarcaron las 150 creaciones de alta costura de 40 diseñadores, inspiradas en lo que Andrés Bolton, comisario del The Costume Institute, definió como “la fantasía colectiva sobre China”, una apropiación estética del imaginario y el arte chinos en el diseño y la confección de alta costura. “Desde el primer contacto de Europa con China en el siglo XVI, Occidente ha sido hechizado por los objetos enigmáticos y las imágenes de Oriente, las cuales han proporcionado inspiración para diseñadores de moda, tiñendo sus diseños de romance, nostalgia y fantasía”, afirma Bolton.

    En cuanto a la influencia de la estética china en el cine, se exhibieron fragmentos de “El último emperador”, de Bernardo Bertolucci, y de la hongkonesa “In the Mood for Love” (‘Con ánimo de amar’), de Wong Kar Wai, con la memorable dirección de fotografía de Philippe Le Sourd. La muestra estuvo dividida por temas (“El imperio de los signos”, “Saint Laurent y Opium”, “Chinoisserie”), materiales (porcelana blanca y azul, seda de exportación) y épocas (China imperial, Nacionalista, Comunista). En esta última parte se recoge la influencia de los acontecimientos políticos de China en la moda contemporánea, como los uniformes de las tropas revolucionarias de Mao Zedong en los diseños de Vivienne Westwood o de la Maison Dior, además de los vestidos de Vivienne Tam inspirados en la conocida obra “Mao” que Andy Warhol estrenó en 1973. El célebre uniforme de la Guardia Roja de Mao Tse Tung, que se usó entre 1966 y 1976, aparece frente a varias imágenes del Mao de Warhol y el diseño “Traje de Mao”, de Vivienne Tam, de 1995.

    Hubo una sección denominada “Del Emperador al ciudadano”, en la que un vestido de noche diseñado por Tom Ford para Yves Saint Laurent y otro con motivos de dragones creado por Laurence Xu en 2011 contrastaban magníficamente con la túnica del emperador Qianlong (1736-1795). Una de las yuxtaposiciones más sorprendentes fue la de unas pequeñas botas confeccionadas en 1736, que se llevaban con los pies vendados, con unos zapatos con cuña de Christian Lacroix. Otra sala estuvo dedicada a mostrar cómo las artes marciales influyeron en inspiraron al mundo de la moda, con un conjunto de espadas translúcidas que reflejan el Qi (energía vital).

    También se expuso un traje de actores del teatro chino de la época del reinado de Qianlong, pero lo que cortó el aliento de los visitantes fue el plato fuerte estrella de la muestra, la instalación denominada “La luna en el agua”, en el jardín chino del Astor Court del Metropolitan. Se trataba de un homenaje a las artes escénicas y a la Ópera de Pekin, consistente en la réplica de un jardín chino con una luna artificial y un estanque que reflejaba flores exóticas, disfraces y vestidos del teatro tradicional chino, todo ello adornado con diseños contemporáneos de John Galliano para Christian Dior y de la Maison Martin Margiela.

    Una importante sección de la muestra estuvo dedicada a la figura de Anna May Wong, la primera estrella chino-americana que triunfó en Hollywood a fines de los 40, y fue un ícono fashion, mimada por modistos como Yves Saint Laurent o Ralph Lauren. Anna había causado sensación con sus larguísimos y estrechos vestidos que inspiraron a Coco Chanel y a Paul Poiret, quien incluso creó un perfume bautizado L’Orient.

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