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  • MÚSICA

    Publicado 17 febrero, 2017

    Soy música, soy esencia, soy diversión, soy alegría: Silvestre Dangond

    Por Mónica Mendoza

    Su nombre fue sinónimo de controversia por mucho tiempo, pero desde hace unos años el mismo decidió dar un vuelco a su vida y poder servir de ejemplo para sus hijos. Con tan sólo 36 años es considerado el cantante vallenato más importante de la nueva ola de representantes de este género. 

    Nacido en Urumita (Guajira), Silvestre Dangond comienza una nueva etapa en su carrera al lanzar un álbum con un sonido mucho mas internacional, muchas fusiones pero conservando la esencia de su querido vallenato. Nos sorprendió verlo llegar solo, como uno más de todos los que caminábamos en el edificio, saludando amablemente y pareciendo disfrutar del anonimato en la ciudad de Miami.

    Estás llevando el vallenato a otros países pero con fusiones. ¿No temes a los puristas?

    Durante quince años y diez producciones le regalé muchas cosas bonitas al vallenato. Es más, me sentí un abanderado que llevó lo autóctono a las nuevas generaciones. Siempre me preocupaba por hacer un merengue, un paseo y en mis conciertos en vivo hablar de lo que era un Diomedes Díaz, Binomio de Oro, Poncho Zuleta. Yo nací en esa cultura, entonces se me hace fácil hacerlo, no es empuja’o, yo respiro el vallenato autóctono por esas razones. En mi penúltimo trabajo, “Sigo invicto”, me preocupé más por eso que por mí: grabé a ocho juglares vivientes, lo hice adrede, les dediqué tiempo y ahora necesito darme la oportunidad y dedicarme a otras cosas. Hay algo que siempre he visto de la gente grande, como Juan Gabriel, un ejemplo claro de esto. Él llevó su forma por muchos años y después viajó, hizo muchos ritmos y volvió.

    Háblame de “Gente valiente”…

    Yo me considero un guerrero y un valiente por tomar la decisión de salir a hacer música para el mundo. Dejar de hacer cosas para imprimirle otras a mi género. El vallenato es muy rico, es hermoso en letras y melodías. ¿Por qué no darse la oportunidad y hacer algo diferente sin perder la esencia, la sabrosura y la locura?

    “Yo siempre le digo a la gente, déjenme llevar el mensaje, no me juzguen. Déjenme conectar con otras culturas”.

    Lo que tratas es de contagiar ese amor que se despierta el vallenato en ciudades como Valledupar?

    Y eso que en Valledupar no hay emisoras como hay en otras partes que solo se escucha vallenato. Hay muchas partes en las que se vive y se siente, claro que Valledupar es la capital mundial por obvias razones, el festival, muchos artistas, compositores, músicos viven allí pero esto ha evolucionado muchísimo, mira que hasta en México hacen festivales vallenatos. El género se está tomando el mundo, yo siento que le llegó el momento. Yo siempre le digo a la gente, déjenme llevar el mensaje, no me juzguen. Déjenme conectar con otras culturas.

    ¿Te juzgan duro?

    Bueno hablamos de los puristas y los puristas siempre van a ser puristas y van a morir así, les gusta lo criollo y más que tú sabes que el vallenato fue declarado patrimonio mundial de la humanidad. Eso significa que hay que cuidar y preservar lo que ya está hecho, su legado está en nuestras manos. ¿Cómo lo cuidamos? Cantando y ejecutando música de hace 40 y 50 años, pero es difícil decirle a un compositor de la nueva generación que componga una canción como una de Escalona, porque en ese tiempo se vivía, se comía distinto, hasta los medios de transporte eran diferentes. El maestro Calixto Ochoa todo el tiempo hizo música avanzada en el vallenato con las herramientas que tenía. “Mama, el negro está rabioso” la ejecutaron en muchos géneros a nivel mundial, él revolucionó el género con lo que contaba y así está pasando hoy en día. El Binomio de Oro fue un grupo que todo el tiempo combinó el vallenato con el merengue, yo me acuerdo que llamaban a Wilfrido Vargas. Ellos cambiaron el ritmo de la guacharaca y la caja autóctona por la tambora y la güira dominicana.

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