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  • CUENTO Y CRÓNICA

    Publicado 18 junio, 2020

    ¡Qué bien ronca mi papá!

    Por Angie Carrillo

    La escritora nos regala su reflexión personal acerca de los sonidos primitivos que produce su padre al dormir y su relación con la capacidad de amar y proteger a su familia.

    Angie, su papá Angel Maria Carrillo Salgado y sus hermanos.

    Admiración y respeto hacia la energía del padre que siempre protege y cuida.

    Hace poco aprendí a resignificar los ronquidos de mi padre, y del hombre en general. Los ronquidos representan para muchos un problema a la hora de dormir con el que ronca o cerca del que ronca. Se dice que los ronquidos son síntomas de dificultades respiratorias, de tener el sueño pesado, comer mucho antes de dormir, ingerir alcohol… En fin, en ultimas hasta se dice que el que ronca, ronca porque es un desconsiderado.

    Hace poco alguien me hizo caer en cuenta que el ronquido es también un arma biológica. El ronquido viene desde el hombre de las cavernas y era la manera como al principio de los tiempos este protegía a su tribu mientras dormía. El hombre a través de sus ronquidos muestra su capacidad para defender y defenderse.

    Yo y mi imaginación nos fuimos a esa época y pude ver al hombre dueño de la caverna, roncando como nunca antes hemos creído escuchar un ronquido. Todos los demás a su alrededor, hijos y mujeres durmiendo placida y tranquilamente, y sintiéndose seguros con el hombre que duerme y ronca para advertir que está listo para defender lo suyo en cualquier momento.  

    Logro imaginar animales salvajes que se acercan en busca de fuego y comida y cómo al escuchar esos ronquidos, dudan entrar a la caverna. Hay unos que hasta se asustan y salen huyendo. Los ronquidos son tales o mayor al mismo rugir del león. Cualquier animal por instinto, al escucharlo, se alerta de que hay alguien dispuesto a defender. Entonces no entra, se cuida y se va, no están dispuestos a arriesgar su vida con ese que ronca de esa manera. Ahí no todos duermen por igual; ahí hay uno siempre despierto, vigilante y protegiendo a través de su ronquido, y es papá.

    El ronquido de un hombre es proporcional al corazón del hombre padre y su capacidad para defender a su mujer y sus hijos. Lo verifico a través mi padre, un hombre con un corazón inmenso, un hombre al lado de quien sus hijos siempre nos hemos sentido seguros, un hombre que pone el pecho, un hombre con un alma grande para defender e, igualmente, un hombre con una capacidad inmensa para roncar y amar. Un hombre cuyo ronquido se escuchaba perfectamente en el último cuarto de un hall de siete metros donde yo dormía de niña. Un ronquido que, para mí, durante mi niñez, siempre significo inconscientemente: ya llegó papá, estoy segura, puedo dormir tranquila, mi papá me protege, mi papá está.

    Deseo resaltar la facultad de protección de todos los padres. El alma del padre siempre cuida de sus hijos. También cuida a través de ausencias, maneras rudas de tratar, voces gruesas, imposibilidades debido a su historia y también a través de los ronquidos, a lo que me honra decir: ¡qué bien ronca mi papá!

    El padre real es más grande que el padre ideal. Tú tienes un padre real, tan real como tus propias capacidades e incapacidades humanas. ¿Para qué habrá puesto Dios al hombre que escogió como tu papá? Para que aprendas a humanizar al hombre y dejar de juzgarlos a través de idealizaciones románticas. Para comprender que el amor es tan grande y misterioso que un solo espermatozoide entre miles de millones portaba la configuración que tu necesitabas y tu papá lo pudo hacer realidad para ti. Ese misterio es tan grande, ese impulso de amor es tan grande que no se puede comparar a algún cuidado que el padre haya o no haya podido dar en vida.

    Respiras la vida que te dio tú padre con la mujer que él escogió como tu madre. Respiras la vida que el alma de tu padre ha cuidado de maneras imperceptibles para la razón.

    Los ronquidos de mi papá me llevan a valorar y honrar la fuerza masculina en todas sus manifestaciones, en cada padre que cuida a sus hijos de formas perceptibles e imperceptibles para nuestra razón. Valoro y honro la manera muy perceptible de mí padre de cuidarnos a través de sus grandes ronquidos.

    Gracias papá, siempre lo has hecho muy bien para con nosotros tus hijos y tus ronquidos son prueba de ello, ya que nunca sucumbieron ante ninguna queja o reclamo. Y ahora paso de decirte, qué bien roncas papá, a decirte, cada vez roncas mejor. Tu amor es inevitablemente progresivo como lo muestran tus ronquidos. Te quiero.

    Angel Alberto, Rosemery, Angie, Silvia y Claudia, hijos de Angel Carrillo (centro).

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    Edición impresa 159

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