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    Publicado 16 junio, 2020

    Papá de crianza: cuando el lazo que une es el AMOR

    Por Jocelyn González

    Carlos ‘Cuco’ Navarro y Eduardo Arana, dos hombres que, a pesar de no compartir con sus hijas la misma sangre, tienen más que ganado el título de Papá. Su motor ha sido el amor. Hoy, en familia, nos cuentan sus historias.

    Si bien reza el dicho “padre no es quien engendra sino quien cría y ama a sus hijos”, no cualquiera cría bien y ama de verdad. Por eso, este mes del padre, queremos destacar dos historias de papás de crianza cuyas familias reconstituidas son un ejemplo para la sociedad. Padres que comparten con sus hijas un vínculo más poderoso que la sangre: el amor. También veremos la visión de ellas y entenderemos así lo que los hace destacables como papás.

    Eduardo Arana y sus hijas Juliana y Carolina Giraldo

    Eduardo: De soltero no me imaginé nunca siendo un papá con hijos de crianza, pero tampoco fue para mí un impedimento. Nunca tuve prejuicios propios y, afortunadamente, tampoco enfrenté prejuicios de alguien más. Desde que conocí a Juli y Caro, siendo ellas muy pequeñas, tuvimos empatía y construimos una muy buena relación; aunque pequeñas, fui muy bien aceptado por ellas y eso me motivó mucho. 

    Los primeros años de adaptarnos a vivir juntos fueron unos años normales, preocupándome como cualquier papá lo haría pensando en su crianza y su educación. Fue muy grato verlas crecer junto a mi esposa Toyi. Nunca se me presentó un inconveniente, pues ellas me aceptaron como su padre e hicieron más fácil esta bonita relación. Siempre me vieron como su figura paterna. 

    Mi amor hacia ellas es enorme como la del cualquier padre. No hay diferencia entre el amor que le tengo a mis tres hijas, porque ellas siempre me han demostrado un gran cariño preocupándose mucho por mí. Nuestra relación es de amor incondicional y de cuidado mutuo. Somos muy cercanos y tratamos de estar presentes en los momentos importantes de nuestras vidas. 

    Como familia nos une el gran amor que nos tenemos y ese amor ha sido cultivado también en sus hijos. Mis nietos son una bendición; mi nieto mayor es un gran amigo y con quien comparto la afición por los deportes. A sus papás, mis yernos, los quiero mucho y son muy importantes en nuestra familia. 

    Carolina, Toyi, Eduardo, Juliana y Sabina.
    La familia en un viaje a Disney.

    Juliana: Mi papa biológico, Carlos Ignacio, murió joven cuando yo apenas tenía dos meses de nacida así que, en mis primeros recuerdos, mi papá Eduardo es quien está presente; ha sido una constante en mi vida. No fue difícil para mí crecer con mi padre de crianza y no mi padre biológico, porque nunca viví algo diferente.

    Estaría diciendo mentiras si digo que no he pensado cómo sería mi vida si mi padre biológico no hubiera muerto, me pregunto si hubiera sido una persona distinta y con una personalidad diferente. Pero, sinceramente, pienso que todo pasa por un motivo y él fue enviado a completar nuestra familia después de la gran pérdida que tuvimos. Siento como si él hubiera llegado en el momento que lo necesitábamos y no hubo marcha atrás. Él nos amó y nos cuidó a mí y a mi hermana Carolina (y todavía lo hace) como si fuéramos sus propias hijas y nunca nos ha tratado de manera distinta a su hija biológica, y hermana menor nuestra, Sabina. 

    Mi papá definitivamente es un ser bondadoso y cariñoso. Hay veces que le digo que él toma decisiones contrarias a sus propios intereses por ayudar a los demás. Siempre admiré su dedicación a su familia y al trabajo. Definitivamente la disciplina laboral la aprendí de él. 

    Hoy día tengo una gran relación con mi papá, aunque no siempre fue así; cuando era adolescente siempre vivíamos de pelea. Mis padres me ponían límites y yo, como buena hija del medio, era rebelde y siempre estaba poniéndolos a prueba. No fue hasta que estuve mayor que entendí todo el sacrificio y esfuerzo que ellos habían hecho para cuidarnos y darnos las mejores oportunidades en la vida. 

    Aunque vivo en Chicago nunca pasó más de unos cuantos días sin hablar con mi papa. Él y mi mamá Toyi vienen a Chicago a visitarnos y se quedan con nosotros; mis hijos aman a sus abuelos. Mi actividad favorita es cuando cocinamos juntos y nos tomamos unos vinitos. Ah, ¡y su paella es de locos! 

    Juliana el día de su boda junto a su papá Eduardo.

    Carolina: Mi papá Eduardo siempre ha estado presente en todos los momentos importantes de mi vida. Él me dio mucha seguridad porque yo estuve presente durante el accidente de mi padre; él entró a llenar un vacío que había quedado en mi vida. 

    No crecer con mi papá biológico, sino con Eduardo, el papá de crianza que la vida me regaló, no fue difícil porque él nunca me hizo sentir algo que no fuera amor y desde un principio siempre tuvimos una gran relación. 

    De él admiro que es un ser humano noble, cariñoso, complaciente y amoroso. En pocas palabras, tiene un corazón lleno de amor. 

    Mi papá y yo somos muy unidos, tenemos una relación estrecha. Cuando lo he necesitado siempre ha estado ahí para mí, así como también acepta consejos y los tiene en cuenta. Es el mejor padre y ahora, el mejor abuelo. Me enorgullece la relación que él ha creado con mi esposo y con mis dos hijos; mi hijo mayor, Orlando José, es su compañero fiel. 

    Carolina y su papá Eduardo.

    Carlos ‘Cuco’ Navarro y su hija Stephanie Stevenson

    Cuco: Durante mi soltería nunca se me pasó por la cabeza que recibiría en mi vida, para amar y criar, a una hija que no concebí. Stefy llegó a mi vida, y yo a la suya, cuando ella tenía tan solo un año y diez meses de nacida. La recibí con mucho amor, con el mismo amor que tenía por Laly, su mamá. Nunca hubo prejuicios.

    Nuestros primeros años de adaptación y convivencia para nada fueron difíciles, por el contrario, lo disfrutaba mucho y estaba muy contento de tenerla como hija. Stefy siempre vio en mí a su figura paterna, nunca fue complicado, pues cuando las cosas se reciben con amor, nada es complicado.

    Mi amor hacia ella es igual al que tengo por mis otros hijos; no tengo ninguna diferencia, la quiero igual. No hay una línea entre los hijos de sangre y los de crianza, en nuestro caso es el mismo amor.

    La relación entre Stefy yo es excelente, con mucho amor. Nos entendemos muy bien como padre e hija.

    A nuestra hermosa familia la une el amor, la comunicación, la confianza y la presencia de Dios en ella.

    Cuco y Laly el día de su boda y la pequeña Stephanie.
    Cuco y su hija Stephanie.

    Stephanie: Mi papá Cuco llegó a mi vida cuando todavía no había cumplido los 2 años, así que de esos primeros momentos junto a él no tengo muchos recuerdos. Mi padre biológico murió cuando yo apenas tenía año y medio y fue cuando mi mamá Laly lo conoció.

    Realmente creo que fue una bendición, pues al llegar a mi vida siendo tan pequeña y al poco tiempo después de la muerte de mi padre, la verdad es que tuve papá desde que tenía uso de razón y no solo papá sino el mejor, tanto él, como toda la familia.

    En mi caso, no fue difícil crecer junto a mi padre de crianza y no mi padre biológico porque nunca lo he visto ni sentido así; para mí nunca existió otro papá, solo él.

    De él admiro todo, tanto sus defectos como sus virtudes. Admiro su capacidad de reponerse a los tropiezos que ha tenido y todo lo que ha logrado, y tiene, hoy día. Admiro su mente abierta y capacidad para los negocios, su inteligencia y verraquera. Admiro su bacanería, su gran corazón, su nobleza y honestidad, así como su relación con Dios y la Virgen… ¡Creo que no terminaría nunca!

    Nuestra relación como padre-hija es espectacular: amor por montones, incondicionalidad y compatibilidad al 100%.

    Stephanie y su papá ‘Cuco’.
    Stephanie y su papá ‘Cuco’.
    Stephanie y su papá ‘Cuco’.

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