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    Publicado 20 diciembre, 2019

    ¿Jornada laboral de seis horas? Trabajar menos para producir más

    ¿Seríamos no sólo más felices, sino también más productivos, con jornadas de seis horas al día o trabajando sólo tres días a la semana por la misma remuneración? El debate está cada vez más presente.

    La hora de cierre del supermercado estaba cerca. Yo había comprado unas pocas cosas, solo lo indispensable para una cena ligera. Mientras pagaba, la evidente fatiga de la joven cajera me hizo sentir absurdamente culpable, como si yo estuviera demorando su regreso a casa. Le pregunté entonces a qué hora terminaba su jornada, si vivía lejos y, viendo su anillo de matrimonio, si tenía niños. Dijo que sí, dos, y entonces musité un comentario empático sobre cuánto se extraña a los hijos pequeños cuando se está lejos de ellos durante largas horas.

    Marchar al trabajo apenas amanece y volver de noche durante cinco o seis días a la semana es algo rutinario para la mayoría de los trabajadores asalariados y asalariadas de todos los rubros, tanto de la industria como de los servicios. A lo que se agrega sentir que, a lo largo de la jornada, cada vez cuesta más esfuerzo mantener la concentración, al tiempo aumenta la intolerancia según pasan las horas y a medida que avanza la semana. En infinidad de casos, el retorno a casa se dilata porque hay que hacer compras y luego, ya en casa, realizar tareas domésticas básicas, para no hablar de lo más importante: compartir con la familia los afectos guardados todo el día para ese momento de reencuentro, más aún cuando hay niños.

    A comienzos del siglo XIX, en plena expansión de la Revolución Industrial, el límite de la jornada laboral eran las fuerzas físicas de los trabajadores. Pero a medida que fueron conquistándose derechos que mejoraron las condiciones de trabajo, la jornada laboral se fue reduciendo a los tiempos actuales, mientras se prohibía el trabajo infantil y se reconocían otros derechos relacinados con la salud y la prevision social. Hoy la jornada laboral de 8 horas es una conquista de los trabajadores reconocida por la legislación laboral de casi todo el mundo, aunque en muchos lugares se la desconozca en los hechos. Pero en los últimos tiempos, desde varias vertientes ha comenzado a discutirse cuán productivas son jornadas tan extensas, y si no es conveniente para patrones y empleados reducirlas y aumentar el tiempo dedicado al descanso.

    El estrés laboral tiene un alto costo. La Organización Internacional del Trabajo calcula que hasta un 3% del Producto Interno Bruto (PIB) de las naciones se pierde por esa causa y por todo lo que esto produce: menor productividad, más ausentismo y trabajadores que rinden menos por la excesiva duración de las jornadas laborales, uno de los factores más importantes en el aumento el estrés. Hace rato que en ámbitos de la sociología laboral los expertos se preguntan cuál es la relación óptima entre las condiciones de trabajo, en particular la extension de la jornada, y la productividad. Y somos muchos los que nos preguntamos si no pasamos demasiado tiempo laborando, aun cuando seamos trabajadores independientes, a menudo devorados por ritmos laborales inhumanos. Es en ese punto donde los especialistas se preguntan si el estrés laboral llevado al extremo no afecta a la productividad. ¿Seríamos no sólo más felices, sino también más productivos, con jornadas de seis horas al día o trabajando sólo tres días a la semana por la misma remuneración?…

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