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    Publicado 25 julio, 2018

    Cinco íconos del deporte barranquillero

    Esta tierra de contrastes ha visto nacer y volar a importantes personajes en diferentes ámbitos. El deporte no se queda atrás. Acá algunos personajes de Barranquilla que a través de la historia han marcado hitos en distintos campos deportivos.

    HELMUT BELLINGRODT, EL CENTRO DE LA DIANA

    Los Juegos Olímpicos de Múnich marcaron el principio de un camino exitoso para los deportistas costeños en Colombia. Esa primera piedra, que fue el cimiento de todo, la puso Helmut Bellingrodt Wolff, quien en 1972 puso a vibrar a esta región con la primera medalla de la historia en unos olímpicos para nuestro país. El barranquillero obtuvo medalla de plata en tiro al jabalí o blanco móvil, y detrás de él, también en aquellos juegos, vinieron las medallas de bronce en boxeo del cartagenero Alfonso Pérez y del también barranquillero Clemente Rojas.

    La historia de Helmut fue paso a paso, con disciplina y constancia. A finales de la década del 50, Helmut, de ascendencia alemana, decidió incursionar en la práctica del tiro en polígono y lo hizo en la Policía Nacional en Barranquilla. Lo influyó su padre, que toda la vida fue un apasionado de este deporte y además se convertiría en su primer entrenador. Con su respaldo, participó por el departamento del Atlántico en el Campeonato Nacional en la categoría juvenil. Haber terminado en los últimos puestos no lo desanimó. Luego de unos años de práctica, compitiendo junto con su hermano, se llevaron el primer y segundo puesto –su hermano Hanspeter quedó campeón– en los Nacionales de esta modalidad en 1966.

    Ya en 1970, presagiando lo que estaba por venir, obtuvo el octavo puesto en el Mundial de este deporte en Phoenix, Arizona, y fue el mejor latinoamericano del certamen. Luego vinieron aquellos juegos en Alemania, país de donde es oriunda su familia paterna y nación que lo invitó a nacionalizarse para hacer parte de su equipo deportivo. Pero con ese amor por el país y su Costa Caribe, no dudó en seguir su vida aquí, donde se preparó para nuevamente conquistar una medalla de plata en Los Ángeles, Estados Unidos, en 1984.

    Hoy en día, está casado con la dominicana Blanca Velázquez, con quien vive en Barranquilla. Trabaja en torno al deporte en el área administrativa y asesora desde la parte técnica.

    SUGAR BABY ROJAS, UN GOLPE A LA FAMA

    Desde la cuna y ya con la tradición familiar a cuestas, era imposible que Baby no fuera boxeador. Su padre fue un fanático de este deporte y de ese gusto salió su nombre; en honor a Ultiminio “Sugar” Ramos y Davey Moore. En el cuadrilátero también estuvieron su papá y sus hermanos Idabeth, Candelaria, Rafael, Martín y Clemente; este último, además, ganó una medalla, también en Múnich en 1972.

    Sin embargo, Sugar Baby inició como futbolista. No tuvo mayor reconocimiento y decidió practicar el deporte para el que estaba destinado. En el boxeo se formó junto con su padre y algunos entrenadores del Atlántico. Compitió en torneos nacionales y algunos juegos del Caribe. Luego de años de trabajo, paciencia y entrenamiento llegaría el momento cúspide, cuando enfrentó al boxeador argentino Santos “Falucho” Laciar. En agosto de 1987, el nacido en El Bosque desafió al gran campeón supermosca y, tras prepararse durante 29 días, lo batió en una épica pelea en Miami. Fue una época dorada del boxeo colombiano, donde pegadores como Miguel “Happy” Lora y Fidel Bassa ya conquistaban títulos. Sugar Baby, de 115 libras, conquistaría en ese tiempo el título mundial en su categoría del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

    Desde hace más de 30 años, el expugilista se radicó en Miami, lugar en el que recientemente le hicieron un reconocimiento y puso su estampa en el Salón de la Fama de Florida, un hecho histórico para el boxeo en Colombia.

    ÉDGAR RENTERÍA, EL NOMBRE DE LA LEYENDA

    Esta gran leyenda barranquillera marcó una historia en el béisbol y fue elegido para protagonizar escenas memorables en la MLB. Su historia, como muchas otras que luego son inspiradoras, fue la de una familia con muchas dificultades económicas, donde además tuvo que crecer sin padre, puesto que falleció cuando él tenía dos años. Creció en el barrio Montecristo junto con siete hermanos y toda su vida se destacó por su humildad y tranquilidad. Como cualquier niño, era un enamorado del fútbol, pero fue un hermano y un ‘scout’ quienes lo llevaron a jugar béisbol. A sus 20 años y luego de mucho trabajo y entrenamiento, fue llamado por un cazatalentos a Miami, para hacer parte de un equipo sin mucha historia en las Grandes Ligas de Estados Unidos. Debutó en 1996 como shortstop, con la célebre 16 a sus espaldas, y salió campeón en la serie de 1997. Para definir aquel título fue protagonista con un memorable hit que le dio el campeonato a su equipo, que hasta entonces pasaba desapercibido en la liga de béisbol. Años más tarde, repetiría con los Gigantes de San Francisco y en 2010 nuevamente fue protagonista anotando el hit del campeonato.

    Para leer el articulo completo, adquiera la última edición de La Revista Actual

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