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    Publicado 16 abril, 2020

    El poder femenino de Barranquilla: Paulina Vega, Silvia Tcherassi y Nina García

    Por John Archbold

    Ilustración de Heiner Meriño.

    Aunque muchos crecimos escuchando la historia de una villa que tuvo su origen mientras unos colonos buscaban un ganado perdido, la gran verdad es que nadie sabe a ciencia cierta cómo surgió Barranquilla. Los mitos que se aglomeraron durante décadas riñen pronunciadamente con aquello que las evidencias históricas pueden confirmar, sin que se vislumbre la posibilidad de un consenso.

    Esa zona gris en nuestra historia se constituye en una metáfora de su espíritu y paradójicamente le da cierta libertad creativa. Porque si algo podemos concluir al examinar el devenir de nuestra ciudad es que, más que su génesis, lo que realmente ha importado en ella, es su capacidad de levantarse y resurgir en torno a sí misma.

    De aldea emergente pasó a ser una municipalidad independentista; dejó de ser un área sin riquezas para convertirse en un puerto estratégico; se convirtió en una ciudad pionera, que posteriormente se rezagó al regodearse demasiado en sus propios logros, pero que de algún modo encontró el camino para florecer y recuperar el honor de otros tiempos. Barranquilla no sólo sabe cantar, también conoce muy bien lo que implica resurgir.

    Ilustración de Heiner Meriño.

    Paulina Vega: su propio nivel, uno propio

    El paso por un reinado es una gran plataforma, pero también una atadura de la que no fácil deshacerse. Para la muestra están las reinas colombianas, que décadas después no han podido deshacerse del hálito real que alguna vez ostentaron. Ese no ha sido el caso de ella. A pesar de cargar con la distinción de ser la primera Miss Universo colombiana en casi 60 años, desde el mismo momento en que fue coronada Miss Universo supo eludir el molde tradicional de reina, como lo afirmó en tantas ocasiones. Cuando le preguntamos al respecto, dejó claro que su secreto para dejar huella, fue precisamente el atreverse a no ser una reina más:

    “Nunca en mi vida me he dejado ceñir por algún protocolo, me parece una pérdida de tiempo, una forma de dejar de vivir la vida y de ser coherente con los valores personales, con tu forma de pensar y de sentir. Tener el título de la mujer más linda y salir sin maquillaje era mi forma de dar un mensaje, y es que las imperfecciones hacen parte de la belleza. El mundo tiene que darse cuenta quiénes somos por encima de los tacones, el maquillaje y la respuesta políticamente correcta. Al final me siento satisfecha, marqué huella siendo yo misma”.

    Aunque nunca estuvo en sus planes, Paulina abrazó la presentación porque fue un modo de reinventarse a sí misma, y de poner toda su notoriedad al servicio de los nuevos talentos: “Toda la gente que participa es realmente talentosa… El resultado es positivo, y en verdad se logra apoyar a los nuevos artistas e impulsar sus carreras, así que más que disfrutar estamos apoyando artistas que realmente lo merecen”. Paulina no sólo ha logrado defender su vigencia en el panorama nacional e internacional. También ha logrado alcanzar un nuevo nivel de su carrera.

    Ilustración de Heiner Meriño.

    Silvia Tcherassi: expandirse sin abandonar la raíz

    Al igual que Paulina, la diseñadora barranquillera también supo dejar muy atrás el rol de reina con la que todos los barranquilleros la conocimos en el año 1986, cuando presidió los carnavales de ese entonces. Sólo cuatro años después creó su propia compañía de moda, en la cual iniciaría una carrera que trece años después la llevaría a exponer sus diseños en la feria de moda más importante del mundo. Desde entonces Silvia ha estado no solo recreando su propia concepción del estilo, sino ampliándolo a otras dimensiones, como nos deja verlo su incursión como empresaria en el área hotelera.Para ella, Barranquilla tuvo una influencia muy poderosa en esa visión que se ha proyectado a lo largo de su carrera:

    “Siempre he insistido que Barranquilla es una ciudad abierta y alegre. Una ciudad que se siente orgullosa de su pasado pero que está aún más ilusionada y comprometida con su futuro, como lo dije cuando me condecoraron durante las celebraciones del Bicentenario al lado de Shakira, Sofia Vergara y Rentería. Haber nacido y crecido en este entorno y teniendo unos padres que siempre han profesado el amor por su ciudad, definitivamente ha tenido mucha influencia. Yo soy una optimista pragmática, una soñadora con los pies en la tierra, lanzada en términos creativos pero conservadora en mis negocios… Creo que todo esto tiene que ver con el entorno en que crecí”.

    Sin embargo, el área de la moda implica un reto particular. Las tendencias demandan una renovación constante, pero al mismo tiempo una marca requiere sobrevivir y mantenerse en el paso del tiempo hasta crear un sello inconfundible. Cuando le preguntamos al respecto, Silvia diseccionó los detalles del modo en que ha conseguido corresponder esa necesidad:

    “Hay que evolucionar pero siendo fiel a tu estilo. Las marcas y las propuestas creativas tienen que tener una esencia que las haga únicas y diferentes. En mi caso siempre he tratado de articular un concepto de lujo casual, sin pretensiones ni excesos, que refleje una elegancia sin esfuerzo. Esa esencia, el ADN o el espíritu de la marca siempre va a estar ahí, pero hay factores que facilitan esa evolución. En términos de moda, la tecnología facilita esos constantes cambios teniendo acceso a técnicas, maquinarias y materiales que antes no soñábamos. Mis arandelas de hoy son las mismas de hace 20 años, pero hoy están cortadas con láser, por ejemplo. También hay que estar sintonizado con las necesidades de la gente y con el entorno en general porque en últimas la moda es una industria global, donde hay tendencias dominantes de mercado. Y, por último, con el tiempo, cuando hay un compromiso con la innovación y la calidad, eso se refleja en tu marca y tu producto. El producto siempre tiene que ser mejor y la marca más relevante. En mi caso es evidente, desde que nacimos, hace 30 años, hemos estado en un proceso de crecimiento, expansión y mejoramiento permanente”.

    Ilustración de Heiner Meriño.

    Nina García

    La carrera de Nina García ha sido probablemente el sueño de cualquiera que esté interesado en trabajar en el mundo de la moda, un recorrido que le ha permitido adquirir una experiencia invaluable que hoy la erigen como autoridad. Ha trabajado de la mano de importantes diseñadores y marcas reputadas internacionalmente, ha conocido el mundo editorial por dentro y por fuera. Autora de múltiples libros, jurado de Miss Universo en dos ocasiones, y además se ha desempeñado como editora y directora de la revista Marie Claire en los últimos 12 años, consolidándose como la única latinoamericana que ha dirigido una revista de moda de estas dimensiones, y jurado del ‘reality’ Project Runway. Aunque Nina ha resaltado en otras ocasiones la importancia que tuvo para su carrera el hecho de emigrar a los Estados Unidos y enfrentarse a la competitividad del sistema, esta vez reconoció la influencia que Barranquilla tuvo en lo que ha sido el ejercicio de su profesión:

    “Siempre me ha fascinado comprobar cómo las ciudades con un puerto se convierten en un foco de creatividad y de mezclas culturales. Antes de la popularización de la internet y de la globalización, Barranquilla fue una ciudad donde las raíces árabes se mezclaron con la herencia africana, la colonial, la indígena, etc… Esto se tradujo en nuestra cultura: de la música al baile, pero también en la manera de vestir. Esta mezcla cultural siempre me ha fascinado y he intentado trasladarla a las páginas de las revistas en las que he trabajado. Ser barranquillera me ofreció un punto de vista único y diferencial que ha sido fundamental tanto en mi vida personal como profesional”.

    Mientras la producción de moda es un acto creativo, de alcances cercanos a lo artístico, la industria editorial que rodea a la misma es un entorno con necesidades definidas y exigentes, que con frecuencia exige unos parámetros establecidos que a su vez deben adaptarse a un mundo cambiante y frenético. Triunfar bajo estas condiciones es un reto de proporciones mayúsculas que Nina ha sabido sortear con un concepto claro del equilibrio:

    “El mundo de la moda es sinónimo de reinvención. Creo que fue Oscar Wilde quien dijo una vez que “la moda es algo tan horroroso que por eso hay que cambiarla cada seis meses”. Estemos más o menos de acuerdo con Wilde, la moda aparte de ser una industria que genera riqueza es una industria que está caracterizada por la creatividad. Los diseñadores, como se pudo comprobar hace unos días en París, tienen una habilidad especial para adoptar lo que está sucediendo en nuestro mundo (en el ámbito social, cultural, económico) y trasladarlo a una prenda. Lo vi, por ejemplo, en el desfile de Balenciaga que nos hizo reflexionar sobre las crisis que están azotando el planeta Tierra, ya sea el cambio climático o el coronavirus. El mundo cambia, el rol de la mujer cambia y las prendas se convierten en un lienzo donde explicar esta nueva realidad”.

    Siendo Nina jurado de un semillero de nuevos diseñadores que además están al frente de una gran exposición mediática, quisimos saber qué considera indispensable en la capacidad de un diseñador para reinventarse. Su respuesta fue contundente y un broche perfecto para cerrar su intervención:

    “Siempre he pensado que lo más importante para un diseñador es ser fiel a su punto de vista y tener la habilidad de saber adaptar su lenguaje en función del momento en el que vive. Es decir, un diseñador tiene que tener un pie anclado en sus raíces (en su pasado), tener los ojos mirando al futuro pero el otro pie anclado en el presente. En este diálogo entre pasado-presente- futuro es donde se gestionará un estilo personal inconfundible e irrepetible. Nadie mejor que el fallecido Alexander McQueen para poner un ejemplo de lo que estoy hablando. Lee utilizaba su historia personal (y la de su país) para narrar un presente mirando siempre al futuro (por ejemplo, él fue uno de los diseñadores que decidió emitir por internet un desfile)”.

    Después de escuchar a tres mujeres exitosas y emprendedoras reflexionar sobre la influencia que Barranquilla ha tenido sobre su capacidad de reinventarse a sí mismas, no queremos cerrar este artículo sin preguntarte: ¿Cómo ha influido Barranquilla en tu capacidad de reinvención? Creo que pensarlo con seriedad será la mejor manera de conmemorar este 7 de abril.

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