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    Publicado 17 mayo, 2016

    La doble celebración de Juliana Galvis

    Por: Jhon William Archbold

    Después de una tarde entera entre diligencias, reuniones y mis llamadas insistentes, Juliana Galvis logra por fin regresar a su hogar para reencontrarse con Agatha, su hija, quien apenas cumplirá dos años este mes de mayo. Cualquiera esperaría descansar, pero para ella el ajetreo no termina. Lo primero que tiene que hacer es luchar con la niña para que acepte quitarse los zapatos que utiliza en su clase de gimnasia olímpica: “Nunca quiere quitárselos, y eso que le advierto que va a romper las medias, porque tampoco se quiere cortar las uñas de los pies”. Mientras conversamos, Juliana no deja de inspeccionarla, interrumpe cuando escucha que quiere agua, y le insiste en que, antes de solicitar cualquier cosa, debe pedir el favor. No es difícil entender por qué esta actriz, quien desde hace más de una década se convirtió en una presencia constante en pantalla, decidiera hace un par de años limitar un poco más el ritmo de su trabajo. El nombre que escogió para su hija lo dice todo; Agatha es para ella una piedra preciosa, y su prioridad es consagrarse a pulirla.

    Es probable que cuando usted lea estas palabras, Juliana ya se haya enlistado en su propósito del 2016 y se encuentre en la ciudad de Nueva York. Allí tiene el firme objetivo de dedicarse a perfeccionar su inglés, y con ello incursionar en la televisión o el cine angloparlante. Tiene todos los planes de regresar, pero también de explotar al máximo las posibilidades. En una conversación muy emotiva reflexionó sobre las implicaciones que la maternidad ha tenido en su vida, su carrera, y su visión general del mundo.

    Para ti mayo implica una doble celebración: No es sólo el mes de las madres, es también el mes en el que te convertiste en mamá. En estos dos años enfrentando ese desafío. ¿Cuál es el balance?

    Como dicen por ahí, cada quién habla de la fiesta dependiendo de cómo le va, y yo me siento la mamá más afortunada del mundo. Para mí la maternidad ha sido una cuestión tan natural, tan orgánica, que no me ha costado ningún trabajo. Me siento afortunada de tener una niña como la que tengo: alegre, tranquila, sana, que no pone problema para comer… Ha sido lo más bonito que me ha pasado.

    Aunque te haya ido tan bien, sin duda la maternidad implica un cambio para la vida de cualquier mujer. ¿A qué circunstancias cambiantes sientes que te has ido adaptando?

    Obviamente cambian muchas cosas, la principal es que tienes unas prioridades nuevas. En mi caso, aunque amo mi trabajo, también tuve que adoptar ciertos cambios. He tenido que volverme un poco más exigente con los personajes que acepto, porque alejarme de Agatha en estos primeros años sólo puede ser por algo que valga la pena. De hecho, solo he estado en dos proyectos, y afortunadamente he contado con el apoyo de los realizadores. Obviamente en la vida diaria también hay otras cosas, yo antes era muy dormilona y ahora no puedo porque tengo mil actividades, pero todo vale la pena porque este tiempo es muy valioso. Uno es niño muchos años y adulto muchos más, pero es bebé por muy poco tiempo… De hecho, yo ya siento que Agatha está dejando de ser bebé, y me siento bendecida por haber estado con ella y ver su proceso en este tiempo.

    Por supuesto, también están esos momentos en los que cada mujer se convence de que los sacrificios valen la pena. ¿Qué experiencias te han evocado ese sentimiento?

    Para mí cada día es una comprobación. Desde la primera vez que mi hija me miró a los ojos y me sonrió, desde la primera vez que se alimentó de mí, desde que comenzó a decir mamá. Cada día mi hija encuentra la manera de hacerme sentir que cada sacrificio vale la pena. Es una niña brillante. Apenas con dos años ya habla, se sabe los números, las letras, los colores, las frutas y siento que eso ha sido posible por tenerme ahí al lado.

    Es una tendencia cada vez más generalizada que las mujeres decidan tener hijos después de los treinta años, ya que a esa edad se tiene una mayor madurez, estabilidad, entre otros factores. Desde tu experiencia, ¿esta elección tiene algún factor en contra?

    No. Siento que cuando uno ha vivido, salido, rumbeado, viajado, no le hace falta nada y podrá dedicarse a conciencia, con el corazón y mucho amor a sus hijos. No digo que las que decidan serlo jóvenes lo logren menos, pero creo que después de los treinta es el momento ideal. Lo único es que cuando uno descubre la maternidad le dan ganas de tener cinco hijos, y si ya tienes más de treinta obviamente no lo podrás hacer… aunque la economía tampoco lo permite (Risas).

    Disfruta de la entrevista completa en la versión impresa, edición 119.

    Mira el backstage de Paulina Vega Dieppa, para nuestra portada de Abril.

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