SESENTA Y PATAS ARRIBA: Así se ve la nueva juventud
Por: Angie Choperena
Mi mamá casi se queda sin su vacuna de Covid porque no quería mostrar su cédula para revelar que era mayor de 70 años. Mi hermana menor se incomoda profundamente cuando el tema de conversación gira en torno a la edad.
Si. Ese ha sido un tema recurrente en mi familia: el no querer hablar de los años que tenemos. Y pensar que tuve una tía que murió de 99 años y eso ya es una señal de longevidad de nuestro ADN que debería darnos tranquilidad y orgullo.
En mi caso, con mis 60 años recién cumplidos, siento que he entrado a una etapa distinta, más libre emocionalmente y con una narrativa que supera los estereotipos de la edad. Sabemos que vamos a vivir más años. La llegada de la inteligencia artificial ya está impulsando herramientas de medicina preventiva que facilitan diagnósticos tempranos, optimizan tratamientos y permiten un monitoreo personalizado de la salud, con un propósito contundente: alargar la vida útil con calidad.
Si combinamos el aumento proyectado de la esperanza de vida con estos avances tecnológicos, es razonable imaginar que las próximas décadas traerán una nueva forma de transitar la madurez: sin deterioro, sin dependencia, más activa, más significativa.

Confieso que no me gusta la palabra “envejecer”. Y entonces recuerdo el libro Nano: tecnología de la mente sobre la materia, que leí hace unos meses. Allí se plantea que la verdadera transformación ocurre cuando disminuimos la densidad de las creencias, los temores, las limitaciones, y ampliamos la fuerza de la conciencia. Bajo esta mirada, la inmortalidad no significa vivir para siempre en el cuerpo, sino trascender la separación entre lo físico y lo espiritual, entrando en un estado de unidad, propósito y lucidez que nos permite estar presentes, todo el tiempo en atención plena.
Al final, se trata de vivir más años para compartir sabiduría, cuidar nuestras relaciones, cultivar pasiones olvidadas, armar paseos y viajes con amigas y amigos, seguir siendo productivos y creativos. Estamos ante una oportunidad invaluable para reinventarnos. Vivir más años es una posibilidad real que no depende solo de estadísticas ni de tecnología, sino de nuestras elecciones, de cuánto disfrutamos, cuanto celebramos y cuánto agradecemos.
Si pudiera pedir un deseo, entre muchos, sería que la edad deje de ser un número para ocultar y se convierta en un trofeo de vida, experiencia y sabiduría. Que no nos dé miedo mirar todo con otra perspectiva. ¿Y si nos ponemos patas arriba y observamos desde ahí?
La mente es capaz de influir profundamente en la realidad, y ese cambio de percepción es lo que verdaderamente expande la vida. Démosle la vuelta a lo que haya que darle la vuelta, para que, en lugar del declive, llegue la plenitud para nosotros, los mayores de 50.