Luz Romero Sajona
En el esplendor de la vida
La directora regional Caribe de Colpensiones, abogada nacida en Majagual, Sucre, vive un momento de plenitud profesional y personal, fruto de un camino recorrido con disciplina y la claridad que traen los años
Cuando Luz Romero Sajona habla de sus 45 años, no lo hace desde la nostalgia ni desde la urgencia de detener el tiempo. Habla desde un lugar distinto: uno donde las piezas de la vida —la formación, la maternidad, la familia, los aciertos profesionales, los retos, las pérdidas— empiezan a tener sentido conjunto.

“Ahora soy más humana, más intelectual, más sosegada que a los 20”, dice. No lo afirma como un triunfo personal, sino como el fruto natural de una etapa que, para millones de mujeres, dejó de asociarse con el declive y empezó a leerse como una década de esplendor.
Según la OCDE, la mediana edad trae estabilidad emocional y decisiones más estratégicas, y cada vez más mujeres en este rango toman las riendas de su vida laboral. Pero ello plantea un desafío estructural: la brecha pensional que persiste debido a la informalidad y a trayectorias interrumpidas.
En Colombia, esa informalidad afecta especialmente a las mujeres, quienes llegan a la adultez mayor sin protección social suficiente. Ese panorama contrasta con historias como la de Lucy Romero, que con disciplina y constancia ha construido una trayectoria formal sólida. Su historia no representa la de todas, pero evidencia que la madurez no reduce la capacidad de aportar; por el contrario, puede convertirse en una etapa de claridad e influencia.
Lucy —como le llaman cariñosamente sus familiares— no llegó tarde a ningún lado. Llegó preparada. Su vida profesional empezó en 2008 en el sector público, pero no asumió cargos directivos sino hasta 2015. No por falta de capacidades, sino porque entendió que el liderazgo requiere maduración, ensayo, error y habilidades que se entrenan. “Primero tuve que hacer el tránsito necesario para reunir el conocimiento, la experiencia y los valores que mis responsabilidades requerían”, cuenta.
En lo personal, tampoco intentó ser todas sus versiones al mismo tiempo. Mujer, profesional, madre, esposa, servidora pública: cada rol llegó en su momento, a veces con prisa, a veces con pausa, pero siempre con sentido.
Su misión social en Colpensiones
Hoy dirige la operación en los ocho departamentos del Caribe, donde acompaña a miles de personas que buscan claridad sobre su futuro pensional. En esas conversaciones entendió que, más allá de trámites, muchas personas necesitan recuperar la idea de que sí es posible proyectar un retiro digno.
Por eso, el programa de Beneficios Económicos Periódicos (BEP) es para ella una herramienta crucial para quienes han trabajado toda la vida sin encontrar una vía real para ahorrar. Su propósito es acercar esa alternativa a quienes más lo necesitan en la región.
«Hay que ir construyendo sin prisa. La vida es lo suficientemente larga para permitirnos lograr nuestras metas etapa por etapa»
La vocación de servir a los demás
La formación de Lucy no ha sido una carrera por acumular títulos. Para ella, estudiar es una manera de estar a la altura de los retos que la vida le pone. Se graduó como abogada en 2003 y, desde entonces, ha seguido preparándose —especializaciones, maestrías, cursos en liderazgo, gestión pública y derecho— porque entiende la educación como un activo que se renueva: una forma de mantenerse despierta, curiosa y lista para servir mejor.
Su vida profesional ha transcurrido íntegramente en el sector público. Para ella, no ha sido casualidad: ha sido una elección. “Creo que venimos al mundo a servir —dice— y por eso me satisface profundamente ser un vehículo para propiciar bienestar en la comunidad”.
Ese camino no solo la preparó en lo técnico. También le dio una manera particular de entender la vida y su responsabilidad en ella.
Reflexiones de Lucy Romero sobre la edad
A las mujeres nos enseñaron que debíamos mantenernos eternamente jóvenes. Yo ya no creo en eso. No busco la eterna juventud; busco disfrutar cada etapa de la vida y abrazar sus desafíos. Nuestra identidad no está definida por un estándar de belleza ni por una medida de juventud. Está en lo que pensamos, en cómo sentimos y en nuestra capacidad de conectarnos con nosotras mismas para conectar con los demás.

Digo con orgullo que voy a cumplir 45 años, y digo con orgullo que quiero tener 50. Con los años llega serenidad. Durante mucho tiempo fuimos cuidadoras de todos; ahora también necesitamos cuidarnos a nosotras y entre nosotras: física, emocional e intelectualmente. Ser apoyo para otras mujeres que están recorriendo este camino. Abrir espacio para nosotras, para las amigas, para ver la vida desde otro ángulo, sin prisa y sin culpa.
Y quizá ahí esté la verdadera revolución: mujeres que, al llegar a cierta edad, no buscan recuperar el tiempo perdido, sino multiplicar el tiempo ganado.