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DE LA DIRECTORA

Publicado 3 octubre, 2026

LA IMPORTANCIA DE LA GENÉTICA



Por Mayra Lucía Ríos Castro
directora@larevistaactual.com
Fotografía: Daniela Murillo Ujueta 
Locación: Hotel FCF
Vestuario: Alitza García @alitzagarciar
Styling: Estefanía de la Hoz @fefydelahoz
Peinado y maquillaje: Nidia F. Belleza Integral @nidiaf.bellezaintegral


“Romper lealtades no significa olvidar el pasado, es recordarlo con mucho amor y darle un lugar digno para que ya no sea necesario volver a repetir lo mismo en nuestra descendencia”.

                                                   Bert Hellinger            


Hoy traigo un tema que tiene que ver con todo aquello que traemos heredado de nuestros ancestros, que se viene repitiendo en la descendencia y que necesitamos sanar en nuestro árbol genealógico. Bert Hellinger, psicoterapeuta alemán, conocido por ser el creador de las constelaciones familiares, pasó 40 años de su vida estudiando familias de todo el mundo y llegó a una conclusión que anula todo lo que nos enseñaron sobre el desarrollo personal. Hellinger dice que el 80% de nuestros problemas más profundos no son nuestros, los heredamos y son lealtades invisibles que inconscientemente juramos cumplir y que venimos cargando por años. 

Pensemos por un momento en nuestra vida, observemos qué es lo que más nos duele o nos frustra, revisemos cuántas veces hemos tropezado con la misma piedra invisible y repetido patrones en las diferentes áreas: dificultad financiera, abandono en el amor, conflictos en las relaciones y demás. Mi invitación es a que giremos la cabeza para mirar nuestras raíces y ver aquellas dinámicas ocultas de nuestro árbol para sanarlo y para que estas no se sigan repitiendo en nuestra descendencia. Vamos a sacar a la luz esos hilos invisibles que nos manejan, sin juicios a nuestra familia y teniendo la fuerza para romper esas lealtades destructivas.


Cheerful mature man and his adult son embracing while greeting in the kitchen.

He aquí los cinco arquetipos de Bert Hellinger, que nos permiten despertar a nuestra propia historia y lograr la sanación de nuestro árbol genealógico.

  1. EL EXCLUIDO. Todos los miembros de un sistema familiar tienen el mismo derecho a pertenecer sin importar lo que hayan hecho. Según Hellinger, el alma familiar no tolera los vacíos; cuando un miembro es excluido y desterrado del corazón de la familia, el sistema reacciona y busca entre los miembros a uno de ellos para que traiga de vuelta al excluido. Es ahí cuando carga con esa lealtad invisible, pero su autosacrificio no sana el árbol. Para liberarnos de este arquetipo tenemos que mirar hacia esa zona dolorosa, incómoda y oscura de nuestro árbol familiar e identificar a los que fueron apartados y decirles en el silencio de nuestra alma: “Ahora te veo, reconozco tu dolor, reconozco tu destino y reconozco tus actos. Tú también tienes un lugar en esta familia y a partir de hoy yo te doy un lugar en mi corazón”. Solo cuando el excluido es reintegrado con dignidad y respeto en el alma familiar, la tensión cede y el síntoma desaparece. 
  2. EL NIÑO SALVADOR. Tiene que ver con el orden jerárquico. El padre y la madre dan la vida, el hijo la recibe, la toma por completo y la pasa hacia adelante. ¿Qué pasa cuando madre y padre se sienten fracasados? El hijo desde su pequeñez observa todo y al percibir el sufrimiento de los seres que le dieron la existencia, su corazón infantil toma una decisión; desde su inquebrantable lealtad, hace un pacto inconsciente, y pronuncia internamente la frase: “Yo lo llevo por ti”. Así es nace el niño salvador. Crece y sigue creyendo que es su deber rescatar a sus padres de sus destinos. Se convierte en su principal sostén emocional o económico, asume una carga interior que lo aplasta, y tiene un precio altísimo para él. Al cargar las heridas de los de arriba, se queda sin energía para construir su propia vida. 


Para liberarse de este arquetipo, tiene que visualizarse frente a sus padres, inclinar la cabeza hasta hacerse pequeño de nuevo y devolverles aquello que no es suyo. Decirle desde su corazón: “Ustedes son los grandes y yo soy el pequeño. Yo solo soy su hijo. Dejo este dolor, esta enfermedad o esta angustia con ustedes. Porque esto les corresponde a ustedes llevarlo. Yo los amo profundamente, pero hoy elijo vivir mi propia vida”.

  1. EL ROMPELEALTADES. Es el grito de sanación del árbol genealógico. Es cuando un miembro decide hacer las cosas de un modo diferente a como lo hicieron en su familia. Tener éxito donde sus padres fracasaron, construir un amor sano donde sus ancestros solo conocieron el abandono, decide vivir en la abundancia donde solo hubo escasez, al hacerlo diferente es quien verdaderamente salva el linaje. 

Romper una lealtad se logra cuando el miembro hace un movimiento de profunda reverencia, se inclina ante sus ancestros y les dice desde el alma: “Honro profundamente el camino que ustedes caminaron, honro sus lágrimas, sus silencios y sus sacrificios. Y en honor a todo ese esfuerzo, yo hoy elijo hacerlo diferente. Por favor, mírenme con buenos ojos si yo soy un poco más feliz, próspero y más libre que ustedes”. Al hacer este movimiento de amor incondicional, las pesadas cadenas de repetición se parten en mil pedazos. Y se les otorga el regalo más grande y sagrado posible a las siguientes generaciones. Despejando el terreno para que sus propios hijos, los hijos de sus hijos y sus descendencias tengan una vida de paz y plenitud. 

  1. LOS GRANDES. Los seres humanos nos hemos acostumbrado a colocar a nuestros padres en el banquillo de los acusados, pasamos años enumerando sus fallas, analizando sus carencias, reclamando el afecto que no supieron darnos, la protección que nos faltó o las heridas que nos causaron con su propia ignorancia o su dolor no resuelto. Construimos un ideal imaginario de cómo debió haber sido el padre perfecto o la madre perfecta y al compararlos con esa fantasía siempre, inevitablemente, terminamos condenándolos. Pero la terapia sistémica nos exige abandonar esa arrogancia. A los ojos de la gran alma del clan familiar, nuestros padres no son nuestros deudores, ellos son pura y simplemente los grandes y los hijos somos los pequeños. Para sanar la relación con este arquetipo, tenemos que hacer un ejercicio de disociación compasiva. Como seres humanos, nuestros padres son hombres y mujeres comunes, llenos de traumas, miedos, limitaciones y sombras heredadas de sus propios sistemas familiares. Quizás estuvieron ausentes, o quizás estaban tan rotos por dentro que no tenían las herramientas emocionales para ofrecernos nada más. Pero ellos hicieron por nosotros el acto más colosal, sagrado y absoluto que existe en el universo: nos pasaron la vida. Fueron el canal exacto y perfecto para que nuestra alma encarnara. Cuando tenemos reclamos o resentimiento profundo hacia nuestros padres, estamos bloqueando el flujo de nuestra propia fuerza vital. Rechazar a nuestra madre biológica tiene un costo sistémico altísimo, porque ella es nuestro primer contacto con el mundo, es el símbolo vivo de la nutrición primaria. El éxito, la abundancia, el dinero y la salud tienen el rostro de la madre. Quien camina por la vida peleado con ella, camina sintiendo siempre que la vida es dura y que nunca le da lo suficiente. 


El movimiento sanador para este arquetipo es el asentimiento y tomar a nuestros padres en un acto de humildad radical. Es mirar su humanidad herida y decir un sí profundo y rotundo a la vida exactamente como nos fue entregada. Significa pararnos frente a ellos en nuestra imaginación, inclinar la cabeza y decirles desde el fondo de nuestra alma: “Gracias porque la vida que me dieron fue suficiente, la tomo con todo lo que incluye, la tomo al precio exacto que a ustedes les costó darla y al precio exacto que a mí me cuesta llevarla. Ustedes me dieron lo más grande; del resto y de lo que faltó me encargo yo”.

  1. EL ADULTO INTEGRADO. Desde la mirada sistémica, la adultez no es un estado biológico ni financiero, es por encima de todo una postura del alma. La mayoría de las personas caminan por la vida anclados en el pasado, reclamando lo que no tuvieron, quejándose de la injusticia. El adulto integrado, por el contrario, ha dejado de pelear contra la realidad. El poder de este arquetipo radica en un movimiento espiritual profundo y transformador que Bert Hellinger denominó el asentimiento. Asentir es el acto de mayor valentía humana, es rendirse ante la inmensa grandeza de lo que es. Es pronunciar desde el centro del corazón la palabra más sanadora que existe: SÍ, un sí incondicional y rotundo a todo tal y como fue. Porque comprendemos que todo ese entramado de luces y sombras era necesario para que hoy estuviéramos aquí, respirando. Cuando logramos despojarnos de todas esas mochilas invisibles que cargamos durante años y que jamás nos pertenecieron, nuestra energía vital regresa a su centro y es en este instante de paz interior cuando ocurre el movimiento físico y espiritual más importante de toda nuestra vida, nos damos la vuelta y dejamos atrás el pasado, para mirar hacia nuestro propio horizonte y abrir espacio para nuestro éxito profesional, para nuestra salud plena, para construir una relación de pareja sana y guiar a nuestros hijos sin proyectar en ellos los pesados fantasmas del ayer. 

Y para celebrar a los padres en su mes, preparamos este especial de Hombres Actual 2026, para destacar a empresarios de diferentes sectores: construcción, automotriz, finanzas, mercadeo, educación, lideres deportivos, médicos, chefs entre otros. Y adicional un contenido deportivo relacionado con el Mundial de Futbol.



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