Enrique García
Imágenes para toda la vida de eventos irrepetibles
El fotógrafo barranquillero lleva ya 30 años cubriendo bodas y otras celebraciones sociales, lo que lo ha convertido en un actor clave en esta industria en nuestro medio
A Enrique García, la vocación fotográfica le viene de una larga tradición familiar. De hecho, él es el tercer Enrique García en línea cuyo mundo está marcado por la óptica, los lentes, las imágenes. El primero fue su abuelo, quien era un astrónomo aficionado pero muy avanzado, que hace más de 50 años acoplaba las cámaras de esa época a los telescopios para fotografiar las estrellas, Júpiter, la luna, e incluso el sol. Y el segundo fue su padre, el prestigioso artista muy reconocido en Barranquilla y el país por sus espléndidas fotografías del carnaval de Barranquilla.
Pero su padre fue también un gran y muy solicitado fotógrafo de eventos sociales, que lo introdujo a él en esa exigente actividad y le enseñó los mejores secretos del oficio. “Yo empecé como ‘cargaladrillos’ de mi papá, ayudándolo en sus trabajos”, recuerda Enrique. “Me encantaba ir con él todos los sábados a esas fiestas fastuosas, que me impresionaban por su enorme despliegue de belleza”.
Fue así como, poco a poco, inició su propia carrera profesional como fotógrafo de bodas, quinceañeros, primeras comuniones y grados. Lleva ya unos 30 años en eso y, desde entonces, su lente ha cubierto matrimonios en Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Montería, Valledupar, Medellín, Bogotá, Miami y Fort Lauderlade, entre otras ciudades.
El artista y el reportero
Enrique afirma que, para hacer el registro visual de una boda y otros eventos que no se repiten, y en los que por lo tanto no tienes la oportunidad de volver a hacer el trabajo si no salió como se deseaba, “hay que tener mucha preparación, incluso psicológica”. Destaca que hay que estar muy pendiente de retratar a los novios con todos los familiares que para ellos resultan de gran valor afectivo: los abuelos, la bisuabuela, los tíos que llegaron de otra parte, una prima muy especial, una madrina de bautizo… “La experiencia te dice que, en un matrimonio, la familia es tan importante como los mismos novios”, dice.

Señala que a una boda él llega siempre con dos espíritus: el artístico y el de reportero. El primero le permite vigilar todos los aspectos estéticos de la foto: poner la luz aquí, hacer posar la pareja de tal modo, colocar determinado elemento en el fondo, etc. El segundo le sirve para captar momentos únicos y decisivos que no hacen parte del protocolo, como el niñito que está corriendo, las muchachas que están conversando, las sonrisas, las miradas, la lágrima que se desliza por la cara del padre de la novia… “Es por ello que, para esto último, llevo siempre dos fotógrafos adicionales, que utilizan lentes largos y que se camuflan entre los invitados. Así se puede hacer un mejor trabajo y mucho más completo”.
Enrique García es graduado en Administración de Empresas por la Universidad del Norte y tiene un posgrado en mercadeo. Ha estudiado la fotografía a través de muchos seminarios realizados en Colombia, que no sólo ha recibido, sino que también ha impartido. Está siempre atento a las nuevas tendencias estéticas que surgen en su campo en el mundo, así como a las últimas innovaciones tecnológicas, como la IA.
«La experiencia te dice que, en un matrimonio, la familia es tan importante como los mismos novios»
La posproducción de las fotos y la entrega de las mismas
Enrique indica que el número de fotografías finales que él entrega a los novios depende del tamaño de la boda. “Si es de 70 invitados, se entregan de 600 a 700 fotos; y si es de 400 invitados, y de varios días, se pueden entregar de 1000 a 2000 fotos”.
Y explica que las fotografías pasan por un cuidadoso proceso de posproducción en el cual, después de haber seleccionado las mejores, “se emplea un ‘software’ que no es automático, sino que maneja foto por foto, para pulir los detalles, ajustar el nivel de iluminación, eliminar un objeto sobrante o una persona en el fondo que no salió bien, lo cual garantiza que queden hermosas e intachables”.
Por último, se entregan al cliente en dos formatos: 1) digital en alta resolución; 2) un fotolibro muy bien diagramado y editado, ideal para colocar en la mesa de centro; en él, las fotos se hallan impresas en un papel especial con un laminado que puede ser semibrillante –para resaltar los colores– o mate, para gustos más sobrios.