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    Publicado 23 junio, 2018

    El verdadero rol del padre en la primera infancia

    Cuando una persona ama a un niño, necesita aún más amar a la madre de ese niño, porque al rebosarla de cuidados ella tendrá los recursos emocionales suficientes para criar a sus hijos.

    Si bien es cierto que las madres somos la figura vincular principal de nuestros hijos durante sus primeros años; que su relación con nosotras marcará a fuego su personalidad; que la sensibilidad y la calidad vincular que le proveamos son la base de su desarrollo emocional actual y futuro; que nuestros hijos nos necesitan más que a nadie en el mundo; que somos las encargadas de proveer alimento, contención, calor, vínculo, equilibrio y sostén emocional; ¿Quién entonces sostiene a esa mamá?

    Para que una madre pueda entregarse plena al vínculo con su hijo necesita de una tribu que la sostenga a ella. Y esa tribu debería ser liderada por el padre del niño, corresponsable de esa nueva vida que, en la mayoría de los casos, es el esposo o pareja afectiva de esa madre. El padre, siempre y cuando exista, y se responsabilice del niño, aún en los casos en los que no se mantenga en relación afectiva con la madre, tiene la responsabilidad de actuar como sostenedor de la madre y protector del vínculo madre-hijo; ese es el verdadero rol del padre en los primeros años.

    Sin duda, la relación y el vínculo afectivo que el padre construya con su hijo, incluso desde la gestación, es su responsabilidad e impactará en la relación futura con este; pero independiente de esto, el niño a quien más necesita en sus primeros años es a mamá. Así que ella, más que nadie, necesita estar bien y, para eso, mamá e hijo necesitan a papá.  ¿Pero qué más hago si ya yo pago el arriendo, mantengo la nevera llena, trabajo 8 horas al día, me ocupo de que no les haga falta nada e, incluso, a veces cargo y duermo a mi hijo? Pues todo eso, aunque necesario y valorado, no es suficiente.

    Cuando una persona ama a un niño, necesita aún más amar a la madre de ese niño, porque al rebosarla de cuidados ella tendrá los recursos emocionales suficientes para criar a sus hijos. ¿Y cómo la amamos más? De la manera como a todos nos gustaría ser amados, sostenidos y cuidados para poder entregarle al mundo lo mejor de nosotros mismos. Preguntarle a esa nueva madre si tiene sed o hambre; proveerle un entorno de armonía y tranquilidad; apoyarla y validarle sus emociones; atender al niño cuando ella lo necesite; darle tiempo, mimos, calor y sostén incondicional. Esta tarea puede no sonar fácil para nuestra generación, donde no tenemos suficientes recursos emocionales para empatizar con el otro, pero sí es muy posible cuando el padre se hace consciente de las necesidades biológicas de su hijo en sus primeros años, cuando se hace responsable de sostener a la madre del niño y cuando comprende la trascendencia de la diada madre-hijo.

    Por tanto, el papel del padre durante los primeros años del niño es fundamental y determinante. Simplemente que no lo es como lo hemos pensado durante mucho tiempo; No es sólo para aportar económicamente al hogar, atender al niño, cambiarle los pañales o bañarlo; normalmente estos requerimientos de la madre son pedidos desplazados de sus necesidades emocionales no cubiertas, aunque en muchos casos ni siquiera las propias madres logren identificarlo.

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