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    Publicado 24 septiembre, 2018

    Princesa Samaria: ¡la gran opositora del amor se casa!

    Durante los últimos diez años, Claudia Carrillo nos habló del amor, sus fallas, sus carencias y sus aciertos. Este año se comprometió luego de un año de relación. La Princesa de las redes sociales comparte con la Revista Actual la receta de una relación soñada a pocos meses de su boda.

    De gran opositora del amor a la más creyente. ¿Cuáles son esos ingredientes maravillosos para preparar una boda soñada?
    La preparación de un matrimonio se inicia con un buen noviazgo, estando segura de que va por buen camino. La idea es llegar a la boda sin una sola duda, es estar convencida dónde quieres estar: un lugar que traduce todo lo que tu corazón siempre quiso. Ese es el primer ingrediente.
    Un segundo ingrediente es entender que el matrimonio es del novio y de la novia. Es hacer todo lo que te haga feliz ese día. Se trata de disfrutar toda la preparación, gozarse el proceso, que no haya nada que lo opaque, que todo sea un ‘flow’ maravilloso en el que todos entiendan que es su momento para eso. Es un tiempo de apertura para recibir todo lo que viene. Es la etapa en donde recibes más amor, la gente te da consejos, quiere acompañarte en el proceso y es importante abrirse para recibir. Es tu año.
    El tercer ingrediente se basa en que todo lo que hagas tenga tu sello. Sueño que la gente llegue y diga: típico, aquí está reflejada Mema, desde que entran en el lugar, porque no me casaré en una iglesia. Hasta en cada detalle del vestido que se vea mi marca personal.
    Hace 10 años que estás en las redes sociales. Desde entonces, ¿cómo ha sido el proceso de enviar mensajes de amor, pero no basados en relaciones idílicas sino reales?
    Al principio escribía desde la falla, la carencia, la decepción. Creo que el amor es un lugar al que se llega, y cuando llegas, empiezas otra carrera diferente. Pero para encontrarlo debes entender que esa carrera es interna. ¡Tenemos que dejar de romantizar a los malosos! Escuché a una amiga decir que le gustan los perros, los malos. Yo tenía eso en la cabeza y me di cuenta de que hay que cambiar ese chip y pensar en lo que uno quiere y merece. A partir de ahí empieza un camino consiente de lo que son las relaciones y el amor. Si bien tiene que ser un amor bonito, también tiene que ser un lugar que construya uno mismo. La evolución de mi discurso es ese, el reflejo de lo que he vivido. Es la evolución de una niña de 20 años que experimentaba la vida en pareja, se preguntaba por qué fallaba, por qué volvía a fallar, qué le faltaba, qué le sobraba. Eran horas de reflexión con amigos en los que concluía que había que afinar cosas desde adentro.
    El camino con Jaime fue muy rápido y atinado. Ya tenía mis aprendizajes consolidados y había visto lo que quería y lo que no. Después de mi último novio dije: este es mi último no, ya no me voy a permitir otra decepción. No me voy a permitir escoger mal. Cuando Jaime llega, fue muy rápido reconocerlo. No llevábamos ni 15 días y ya estábamos viviendo juntos y sabíamos que nos íbamos a casar. Identifiqué los ingredientes de ese postre que tanto quería.
    Yo me enfermé a los tres meses de estar con Jaime. Se me presentó un dolor en la columna, empecé a cojear, estaba doblada. A los cinco meses me operaron. Fue un año en el que los dos tuvimos la misma enfermedad, porque lo sentía conmigo cada vez que me miraba sufrir o me ayudaba a caminar. Hoy digo que primero nos conocimos en la salud y en la enfermedad. En algún momento me dijo que se imaginaba un día llevándome en sillas ruedas. Luego me realizaron una segunda operación. Eso nos unió más y nos volvió la pareja que somos. Jaime cargó con el anillo de compromiso durante cinco meses, tiempo en el que me hicieron las dos cirugías. Para el día del compromiso, yo llevaba un mes y medio de operada. Y me dijo: ahora o nunca. Desde entonces estamos construyendo desde la verdad.

    Para leer el articulo completo, adquiera la última edición de La Revista Actual

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