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    Publicado 29 mayo, 2021

    Maternidad tardía: el nuevo escenario de un fenómeno actual

    El mundo de la maternidad todavía está limitado por una serie de pautas culturales, sociales y biológicas, lo que hace más complejo el fenómeno de la maternidad tardía y sus repercusiones.

    El retraso de la maternidad o maternidad tardía, es una tendencia que se ha ido incorporando en el discurso femenino como resultado de un proceso de cambio que ha tomado fuerza conforme las nuevas generaciones experimentan las complejidades propias de las sociedades actuales, y sus contradicciones, lo cual afecta las relaciones sociales, laborales, y en general todos los ámbitos de la vida de la mujer.

    La maternidad tardía es una característica más de la actual dinámica demográfica. Las mujeres no solo han reducido el número de hijos, también aplazan el momento de tenerlos. Hacia la década de los 70s, la edad media de una mujer respecto al nacimiento de su primer hijo, rondaba los 25 años; cuatro décadas después, en 2015, se elevaba a los 31 años. La tendencia es común a todos los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), un organismo fundado en 1961, que agrupa 35 estados de distintos continentes. 

    Para una mejor comprensión de la postergación de la maternidad, es necesario comprender tanto los elementos contextuales (componentes demográficos, laborales, económicos, etc.), como otros de carácter más subjetivo, relacionados con la manera en que las mujeres perciben la maternidad y los cambios que estas han ido experimentando del tiempo; especialmente, en lo concerniente a mayores aspiraciones educacionales, y su consecuente incorporación al mundo laboral.

    Los cambios sociales han generado brechas generacionales importantes entre las mujeres, sus madres y las ascendencias anteriores. La mujer actual comienza a desligarse de los roles tradicionales que históricamente ha tenido en el hogar y la crianza. La manera en que las mujeres viven su vida, ha sido parte de un proceso lleno de progresos y retrocesos, lo que se evidencia en un cambio de filosofía, al pasar de la concepción “vivir la vida para los demás”, a “vivir un poco la propia vida”.

    Las condiciones sociales que enmarcan el abanico (restringido a veces) de posibilidades para el mundo femenino en lo que se refiere a sus posibilidades laborales, incitan a comprender las decisiones que las mujeres deben tomar para hacer compatibles sus proyectos personales,  formativos y laborales, en una sociedad donde si bien existen fuertes discursos con énfasis en la búsqueda de mayores oportunidades e igualdad, estos coexisten con obstáculos estructurales de tipo cultural, a la hora de alcanzar sus aspiraciones.

    Esto también se refleja en el modelo existente de familia, pues las mujeres viven una dualidad constante entre sus crecientes aspiraciones de autonomía, y el peso de la figura materna en sus conciencias. La naturalización de que el cuidado de los niños es tarea primordial de las mujeres aún se constituye (en algunos sectores) en un pilar fundamental de la configuración de las dinámicas familiares.

    Sin embargo, las dificultades que las mujeres presentan en el ámbito laboral y sus mayores aspiraciones a construir una carrera exitosa, el sentido de la maternidad y el peso del proyecto familiar como parte de la definición identitaria de las mujeres, tienen una especial relevancia en el contexto latinoamericano.

    A través de un análisis de la Encuesta Mundial de Valores de 11 países latinoamericanos, Sunkel, referente esencial de las ciencias sociales en el continente, intentó identificar aquellas dimensiones subjetivas (actitudes, valores, creencias) percibidas por las personas en torno a la familia. Entre sus resultados, el autor destacó que existirían nuevos valores acerca del rol de la mujer enfocado en la la igualdad de género, pero a la vez persistiría de manera significativa, una cultura machista que generaría contradicciones entre la creciente aspiración individual de la mujer, y su rol como madre.

    ¿Es la maternidad tardía una estrategia para poder conciliar la esfera laboral y la maternidad?

    Si bien la cultura latinoamericana ya experimenta valores que le son favorables para un cambio cultural, persiste todavía una moral conservadora. ¿Podría este orden cultural generar las bases para una serie de contradicciones entre el mundo laboral y el hogar, impulsando la generación de estrategias que permitan consolidar ambos mundos? En esta lógica, la maternidad tardía, podría contribuir a un profundo cambio cultural que se arraiga en las mismas bases de la constitución de la familia, siendo además el producto de la cristalización de las contradicciones culturales que rodean el mundo femenino y la maternidad.

    En la actualidad, para las mujeres, la forma como se desenvuelven en la esfera laboral y familiar está determinada por contradicciones que parecen no tener pronta solución. En este sentido, la maternidad tardía se presenta como un fenómeno emergente, al tiempo que acentúa en muchas mujeres el propósito de hacer compatibles su éxito laboral, y su deseo de ser madres. Este nuevo fenómeno, no se centra entonces en la disyuntiva de tener o no tener hijos, sino en una modificación de la trayectoria de vida.

    La modelo Naomi Campbell, de 50 años, anunció en mayo de 2021 que se convirtió en madre por primera vez.

    ¿Hay límites?

    La decisión de cuándo ser madre encierra poderosas y complejas razones, aunque el reloj biológico no obedece a razones distintas a las dictadas por la propia naturaleza. En el ámbito obstétrico se denomina ‘primípara añosa’ a una mujer madura en su primera gestación. Embarazo y parto presentan en ese caso mayores tasas de riesgo, aunque no está claro si como consecuencia de la edad, o de posibles patologías asociadas; no obstante, el paulatino retraso de la maternidad ha ido modificando los criterios de aplicación.

    A partir de los 40 años, las tasas de embarazos descienden y por encima de los 44 resultan infrecuentes. Pero la reproducción asistida ha cambiado las pautas y aumenta el número de mujeres que recurre a estas técnicas. El tope de edad indicado para un tratamiento de reproducción asistida tiene lógicas implicaciones bioéticas; no existen límites legales. Sin embargo, la mayor parte de los centros opta por no aplicar sus técnicas más allá de los 50 años. 

    La española Mauricia Ibáñez, de 64 años de edad con Gabriel y María de la Cruz, sus dos hijos recién nacidos, en 2017.

    Si bien las mujeres reconocen las limitaciones y desventajas biológicas de la maternidad tardía, el período posterior a los 30 años se presentaría como una etapa de mayor tranquilidad, estabilidad y capacidad para asumir responsabilidades. De esta manera, la mujer estaría decidiendo sobre el tener o no tener hijos, y cuándo tenerlos, en relación al momento más apto para ello. Esto se daría por una desestandarización de las edades, en lo cual ya no se poseen cursos de vida continuos y lineales, sino que los diversos acontecimientos biográficos pueden darse en distintos momentos de la vida.

    ¿Pero cuándo se puede considerar una maternidad tardía? Es un debate oportuno en un tiempo donde las distintas etapas del ciclo vital se alargan cada vez más.

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