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    Publicado 17 junio, 2017

    Los desafíos de un padre soltero en el siglo XXI

    Por Catalina Rojano Ovallos

    Aunque por años ha prevalecido la idea de que son las mujeres quienes deben asumir, en primera instancia, la crianza de los hijos, cada vez son más los hombres que desempeñan el rol de papá y mamá al tiempo. Aquí, la historia de dos padres que se han hecho cargo de sus hogares en todo el sentido de la palabra.

    A las 5:00 a.m. suena todos los días de la semana el despertador de Jesús Mariño Quintero, un hombre que a sus 33 años ya es viudo y padre de tres niñas. Luego de dos años de haber perdido a su esposa por culpa de lo que él llama “un pésimo servicio de salud”, se reconoce a sí mismo como el responsable de sus hijas, el encargado de sacarlas adelante y de entregarles todo el amor que su madre no podrá darles nunca más. Ser papá y mamá a la vez es un hecho que supone más de un desafío y que, en el caso de Jesús –al igual que en el de muchos otros hombres–, se evidencia como una situación poco o nada fácil: “Yo vengo de una familia conservadora. Antes, sólo me dedicaba a trabajar y era mi esposa la que atendía lo que tenía que ver con nuestras hijas. Pero ahora que ella no está, a mí me toca hacerle frente a todo”.
    Con siete años de casado y una mujer de 28 a su lado, Jesús nunca imaginó el reto que la vida le pondría encima, dejándolo solo al cuidado de tres niñas: Samantha, de seis años, y las gemelas April y Melany, de cuatro. “Trabajo en un horario muy pesado, de siete de la mañana a siete de la noche”, dice Jesús, quien a pesar de la escasez de tiempo, siempre suele encontrar espacios para compartir con sus hijas, las cuales son atendidas por su abuela cuando él no está.
    “En este proceso me ha colaborado mucho mi mamá, pero las niñas a veces no le hacen caso a la hora de comer; así que ella me llama con frecuencia por teléfono y me las pasa para yo animarlas a que coman”, cuenta este ingeniero mecánico, para quien lo más importante del mundo son sus tres pequeñas, ese tesoro invaluable que constituye su día a día. “Ellas son mi todo. Vivo entre los deberes, su colegio, mi trabajo y la idea de sacarlas adelante”, afirma, y es por ello que siempre se levanta bien temprano para despertar a sus niñas, bañarlas, cambiarlas, darles el desayuno y llevarlas a la escuela.

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