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    Publicado 1 febrero, 2018

    La Muerte en aprietos

    En caso de que se consumara, ¿cuáles serían las consecuencias de ese beso?

    La danza del garabato hace parte de la tradición más profunda del Carnaval de Barranquilla. Sus orígenes, difusos, se remontan al siglo XIX. Se sabe que surgió en Ciénaga y que, al atravesar el delta del río Magdalena y alborotar con sus versos y tambores la margen occidental de éste, fue acogida en el popular barrio Arriba, que adquiriría después el sonoro nombre de Rebolo. De Rebolo, la danza se extendió al centro y luego al norte de la ciudad, desde que, a partir de 1937, fue adoptada por un grupo de entusiastas socios de los clubes locales, entre los cuales figuraba Emiliano Vengoechea Díazgranados, quien —con el paso de los años y extinta ya la agrupación rebolera— sería su único capitán y director durante muchos años. A partir de 1990 empezaron a aparecer otros grupos consagrados a esta danza y proliferaron tanto que hoy por hoy son más de diez los que participan en el jolgorio barranquillero de cada año.

    El tema de la danza del garabato es harto significativo y relevante, pues en ella se representa la eterna pero siempre dramática lucha entre la vida y la muerte. El final de esta coreografía es, sin embargo, feliz: luego de un arduo combate, marcado por terribles golpes de tambor transidos de inquietud y tensión, la vida triunfa sobre la muerte, para alborozo de las cuadrillas de danzarines.

    Esta magnífica fotografía de Piedad del Vecchio recoge, por lo tanto, un instante anterior al inicio de la batalla final, y lo sabemos por una buena razón: quien acompaña aquí a la muerte (o, mejor, a la Muerte) es una bailarina y no el consabido caporal de capa y sombrero que, armado justamente de su garabato, es por tradición el rival de la esquelética Parca en la lucha de marras.

    Para leer la nota completa, adquiere la última edición de La Revista Actual.

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