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    Publicado 21 abril, 2017

    La metáfora del mar y el río

    Le preguntamos a un puñado de personalidades de la ciudad cómo creen que confluyan estos dos personajes acuáticos en la idiosincrasia de los barranquilleros.

    Como la ciudad ha abandonado el río, como ya no hace parte de su imaginario como lo fue a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, no hemos podido construir un modo ciudadano coherente. La ciudad tiene río, pero el ciudadano no. Por eso el río no tiene nada que ver con la idiosincrasia del barranquillero. ¿Y el mar? el mar está más lejos. Más lejos de la ciudad y más lejos de la idiosincrasia. Por eso su única tabla de salvación es el carnaval, pero casi nadie sabe que sin río no hubiera sido posible el carnaval. El río debería estar más estrechamente vinculado a la vida de la ciudad, no a los intereses de unos gremios que se preocupan más por cosas como la falta de calado. Pero no es al río al que le falta calado. Es a la clase dirigente, que no ha sabido ver el río como un eje constructor de ciudad y de ciudadanía. Como siempre he dicho, el río no es un problema económico, es un problema cultural.

    Andrés Salcedo (Comentarista deportivo, narrador de nueve mundiales de fútbol): “Los vemos más como referentes poéticos que como determinadores de nuestro estilo de vida”.
    Pienso que el barranquillero no ha hecho muy consciente que digamos la presencia del río y del mar en su vida. El barranquillero es un caribe citadino, sin embargo, aunque no está viendo constantemente el río y el mar, forman parte de su paisaje urbano; a ambos los ve más como referentes poéticos que como determinadores de su estilo de vida. Mar y río son en Barranquilla mera decoración geográfica y motivos para la música y la literatura, pero ninguno de los dos tiene una influencia directa sobre su concepto de vida (eso que los alemanes llaman «la cultura del vivir») o su idiosincrasia.

    Andrea Dávila Claro (Periodista y voluntaria en innovación de la educación): “Como un beso difícil, así veo la unión del río Magdalena y el Mar Caribe”.
    Como un beso difícil. Así veo la unión del río Magdalena y el Mar Caribe. Aunque quieren fundirse y la presencia de los dos es un verdadero esplendor, saben que no pueden entregarse el uno al otro. Y es una lástima porque podrían crear otra sustancia entre lo salado y lo dulce para dar vida a cosas maravillosas. Así veo al barranquillero, con un poder enorme de crear lo inimaginable. En su lugar, decide poner el desarrollo económico de un lado y el desarrollo social del otro, sin mezclarlos. Juntos pero no revueltos. Rellena de cemento la ciudad y se olvida de la esencia del patio: el palo’e mango, de matarratón, la cultura del respeto, de los espacios que inspiraron a un Nobel. Así es el barranquillero: tranquilo, conformista, con ilusiones de mucho, pero seducido por ese beso que no pasa a mayores. Debería atreverse a poner todo en él, para ver si nace de una buena vez una nueva y maravillosa generación de barranquilleros que logre desembocar sus desafíos en una Barranquilla inimaginable.
    Alfredo Cohen (Director de elParlante.es y padre putativo de Lelo Zopenco): “Soy de la desembocadura, del encuentro, del roce y el goce”.
    Soy de la desembocadura, del encuentro, del roce y el goce. Nací y crecí junto a un río y frente a un mar que una visión miope del desarrollo intentaron negarme, tapándolos con fábricas, suciedad y pobreza. La dirigencia colombiana no sabía que hay cosas que no se pueden tapar. Por fortuna, el río me alcanzó para siempre con las músicas más hermosas del planeta, y hoy, adonde vaya, el río se desplaza conmigo con su horizonte infinito.

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