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    Publicado 27 marzo, 2017

    Junior 2017: funcionamiento versus resultados

    Balance del desempeño del equipo barranquillero, en el último semestre del 2017, de cara a los retos que siguen.

    El terreno ganado por Julio Comesaña y por este plantel es considerable desde todo punto de vista, al margen de los resultados: consolidó un estilo, venció en buena parte sus propios rótulos y construyó un equipo competitivo.

    Antes de hacer una evaluación de lo que fue el segundo semestre de Junior 2017, que acaba de culminar con su participación doméstica y continental, a las puertas de la final de la Copa Sudamericana y de la semifinal de la Liga Águila, es necesario hacer una breve recapitulación.

    Entre la noche del jueves 30 de noviembre y la del domingo 3 de diciembre se terminó de desvanecer el anhelo generalizado de la hinchada y de la ciudad por el triplete (Copa Colombia, Sudamericana y Liga Águila). Una vez consumado el objetivo del primer torneo, frente al Independiente Medellín, en un Estadio Metropolitano repleto y con una relativamente  buena distribución de la plantilla, todo hacía presagiar que el fútbol del Junior, ese juego de toque corto, orden a la hora de recuperar, pequeñas sociedades e intensidad, terminaría superando una llave a primera vista accesible frente al Flamengo, en Barranquilla, y liquidando ese mismo fin de semana al América de Cali en casa.

    Pero el fútbol casi siempre es desagradecido y el fracaso está a la orden del día para terminar de rotular al perdedor.

    Un semestre aceptable

    En el fútbol sólo hay un ganador. Por lo tanto, del subcampeón para abajo todos son perdedores. En el caso de Junior, una inversión que rondó los 10 millones de dólares, el rótulo de favorito impuesto por el periodismo y la hinchada, y la brecha tan estrecha que separó a los preciados objetivos de los resultados conseguidos, llevan a la afición y al mismo periodismo que lo situó en la cúspide a catalogar lo acontecido como fracaso.

    El fracaso envuelve todo un conjunto de prácticas y elementos que no necesariamente guardan relación directa con el resultado final. Si de excusas se tratara, Junior tuvo por lo menos tres opciones claras de gol para imponerse al Flamengo en el Maracaná en los pies del juvenil Luis Díaz, una de ellas cuando el partido iba 1-0 a favor de los rojiblancos. Un mal control de Díaz privó a Junior de extender la ventaja, iniciando el segundo tiempo, en el estadio en el que Uruguay se coronó campeón del mundo en 1950, ante más de doscientos mil cariocas. Minutos después empató Flamengo tras una pelota quieta, y, acto seguido, tuvo Díaz otras dos opciones para poner al equipo en ventaja. Ninguna de las dos entró. Junior perdonó y poco después Felipe Vizeu marcó el 2-1 final, lo que dejó a los barranquilleros con la eliminatoria cuesta arriba.

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