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  • DE LA DIRECTORA

    Publicado 25 julio, 2018

     Edición 144 Julio de 2018 Bendiciones para todo el árbol

    Dios nos premia con esa compañía y debemos agradecer todos los días este regalo, y la mejor forma de hacerlo es teniendo una cercanía con él.

    Por Mayra Lucia Ríos Castro

    (directora@larevistaactual.com)

    Fotografía: Harry Núñez

    Vestuario: Naf Naf

    Maquillaje y peinado: Nidia F

    “Los hermanos son como las farolas en la carretera: no hacen que la distancia sea más corta, pero iluminan el camino y hacen que el viaje valga la pena”. Anónimo

    Hoy dedico mi escrito a una persona que nace para ser nuestro primer espejo, para ser nuestro ‘partner’ y nuestro aliado mientras papá y mamá se ocupan en miles de quehaceres para mantener la casa, el trabajo y la búsqueda del pan que alimenta a nuestra familia. Durante nuestra niñez y hasta que vivimos bajo el mismo techo, jugamos, nos reímos y divertimos con su compañía. En la adultez nos separamos, cada uno forma su hogar y nuestro hermano(a) pasa a un segundo plano en nuestra vida.

    Un hermano es uno de los regalos del cielo más maravillosos que puede uno recibir. Cuando lo tienes, aprendes lo que es compartir, confiar y contar con alguien que a pesar de que lo hagas rabiar en algunas ocasiones por algo que haces, estará siempre ahí. Tiene tu misma sangre, creció contigo, comparten el mismo papá y/o la misma mamá y, si los hay, los mismos hermanos.

    A un hermano nunca le finges, a él te muestras tal cual eres. Él conoce tus miedos, tus sueños y cómo fue tu infancia. Cuando tienes un hermano mayor, aprendes a tener tu propia independencia para no imitarlo y tomar lo mejor de él para tu vida.

    Tener un hermano nos hace más compasivos, más comprensivos y más pacientes. Es tu mejor confidente; aunque tengas una excelente relación con tu mamá, nunca se compara con la de un hermano. Este último entiende más fácil cuando estás triste, se preocupa cuando tienes una pareja poco familiar y no te juzga, ni te dice que ese hombre o mujer no te conviene. Te deja vivir tu experiencia hasta que tú veas con los ojos del alma que no es tu pareja ideal.

    Por todo esto, a ti que tienes un hermano, te invito a que lo cuides, le digas cuánto lo amas, y saques espacios de tu agitada agenda con esposo, hijos, trabajo y demás para compartir con él o ella, para hablar de cosas pequeñas y de tus grandes proyectos. Dios nos premia con esa compañía y debemos agradecer todos los días este regalo, y la mejor forma de hacerlo es teniendo una cercanía con él. Saber el momento en que te necesita para que lo apoyes y le des un abrazo de koala.

    Hoy quiero hablarte a ti que me lees y que estás disgustado con uno de tus hermanos, para que reflexiones y hagas un ejercicio de amor por ti. No pienses en lo que debe hacer o no hacer tu hermano. Solo concéntrate en tu intención para tu propósito de vida. Trae a tu mente pensamientos de amor hacia esa persona que nació del mismo vientre que tú y que, por el flujo natural del universo, las bendiciones que caen sobre él llegan por correspondencia también a ti.

    Si un árbol de mango florece y da frutos en abundancia, todos los que pertenecen a ese mismo tronco son frutos grandes, jugosos, sanos, fuertes y prósperos. No hay separación.

    Así que comienza desde este instante a tener una intención de amor hacia ti; te sugiero cambiar tus pensamientos y centrarte en lo afortunado que eres al tener a tu hermano.

    Aquí, a continuación, transcribo unas frases que tomé del libro ‘El poder de la intención’, de Wayne W. Dyer, y que quizás te ayuden a reconciliarte contigo mismo para que luego, por correspondencia, lo hagas con tu hermano.
    • Tengo intención de atraer la riqueza y prosperidad con una abundancia ilimitada.
    • Tengo intención de centrar mis pensamientos en lo que me gusta de mi hermano.
    • Soy perfecto a los ojos de Dios, una manifestación divina del proceso de la creación.
    • Formo parte del flujo y reflujo de la iluminada fuente de la vida entera.
    • Me voy a esforzar por ser pacífico y no consentir que nadie me hunda.
    • Tengo la intención de enseñar a mis seres queridos a respetar la vida entera y yo los trataré de la misma manera.
    • Soy una creación divina, capaz de pensar como mi Creador. Tengo intención de sustituir los sentimientos de impotencia por el amor y la bondad. Es mi decisión.
    • Quiero a mi familia. No ven las cosas como yo, pero no espero que lo hagan. Estoy totalmente centrado en mis intenciones y les doy amor.
    • Tengo un propósito y hago lo que me comprometí a hacer en esta vida.
    • Hago lo que hago porque es mi objetivo y mi destino.
    • Hago lo que mi corazón me dice que haga, con amor, bondad y belleza.

    Ojalá que algo de mi escrito te lleve a reconciliarte con tu hermano (a) y a abrir tu corazón para recibir el amor que Dios tiene para ti.

    Nunca olvides que aquel que es feliz es quien vive en el aquí y en el ahora. Haz lo que tengas que hacer ya. No esperes más tiempo para encontrarte de nuevo y abrazar a tu hermano y decirle cuánto lo amas.

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