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ENTÉRATE DE...

Publicado 23 junio, 2018

Apuntes del padre de una hija ‘centennial’

Los chicos pertenecientes a la Generación Z no se parecen a nada. Acompañar su crecimiento es un desafío para el cual nadie nos preparó.

Por Jorge Mario Erazo

La respuesta me dejó sorprendido:

–No. No sé quién es Jotamario Valencia.

Mi hija notó que me quedé mirándola fijamente como si ella fuera un bicho raro, así que levantó la mirada por encima de su celular, que lo tenía en las manos:

–¿Qué? –me reclamó.

Tiene 16 años y dejó de ver televisión tradicional (abierta, por cable o satelital) probablemente hace unos cinco. Para mí, que crecí viendo a Jotamario Valencia, resulta impensable que un colombiano no conozca a un animador que ha sido casi omnipresente en la TV nacional hace más de 30 años, por más que no te guste su trabajo. Y que, además, sigue vigente. Pero es que mi hija es una ‘centennial’, es decir, hace parte de la Generación Z, aquellos que nacieron después de 1997. Una de las características de este grupo generacional es que consumen el entretenimiento vía ‘streaming’: plataformas como Netflix y redes como YouTube y Snapchat constituyen casi todo su espectro de contenidos audiovisuales. De manera que, como muy poco ven RCN o Caracol, no tendrían por qué saber quién rayos es Jotamario Valencia ni qué es “El minuto de Dios” o “El boletín del consumidor”.

¿Cómo ser padres de chicos que no conocieron el mundo sin internet? Me hubiera gustado saber esa respuesta hace algunos años, cuando mi hija me dijo por chat que no había wifi en el apartamento, así que no podía hacer las tareas que le dejaron en el colegio. A un segundo de exasperarme, le recordé que en los tiempos de las cavernas los ‘Homo sapiens’ usábamos algo llamado enciclopedias, objetos de consulta con los que se podían terminar perfectamente los deberes académicos. Y así lo hizo. Sin embargo, debo reconocer que es una lectora voraz de literatura juvenil, lo que me hace suponer que muchos ‘centennials’ devoran libros cuando de disfrutar ficción se trata, pero no están familiarizados con las enciclopedias de ‘veintitantos’ tomos, las cuales les deben parecer una absurda ocupación de espacio.

Ser papá de una adolescente en esta época es tener que adaptarse constantemente a nuevas dinámicas sociales. Una de las que más me llama la atención es que en muchos de ellos la vida del barrio no existe, es decir, puede o no haber interacción cara a cara frecuente con los amigos en la esquinas. ¿Para qué?, si están conectados todo el tiempo. Mi hija, por ejemplo, conoce a muchos de sus potenciales amigos primero por las redes sociales y después personalmente. Los adultos lo hacemos a la inversa.

 

Para leer el articulo completo, adquiera la última edición de La Revista Actual

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