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    Publicado 22 mayo, 2016

    Xiomara; la mujer que dice hablar con los animales

    Por: María Albarrán

    ¿Me quiere? ¿Puedo hacer algo más? ¿Le gusta la comida? Estas son las preguntas más frecuentes que Xiomara Rodríguez recibe en las consultas sobre comportamiento animal a las que acuden amos y mascotas. La etóloga barranquillera afirma tener el don de la comunicación con los animales, una conexión que según ella le permite percibir y comprender física y emocionalmente lo que ellos sienten.

    Su “don de comunicación telepática” le ha costado que la llamen loca, rara y demás expresiones de incredulidad. Cuenta que después de ser consciente de que tenía esta capacidad, cuando rondaba los 20 años, emprendió un largo camino para asimilarla. Rechazó esa habilidad muchas veces, incluso se propuso ser “normal” y no volver a comunicarse con los animales. Casi lo logra en una oportunidad: “Fui a hacer una consulta de comportamiento animal a una casa donde vivían tres gatos. Al final de la consulta le dije a uno de ellos: ‘¿Por qué no me hablaste?’. A lo que me respondió: ‘Tú pediste ser normal, ¿no’?”. Después de eso comenzó a asumir que a través de esa conexión especial podía ayudar a animales y personas. “Tuve que aceptarlo y no sentirme como una loca. También tuve que aprender a procesar y dar la información”, recuerda.

    La mayoría de las personas llegan a la consulta angustiadas, pidiendo citas prioritarias, casos de urgencia, pero las “urgencias” son relativas. “Tienen que ver con el grado de importancia que se les da a las mascotas, con el vínculo que las personas tienen con ellas. Las mascotas son una parte muy importante de la vida de sus amos. En muchos casos son como hijos”. También hay quienes llegan por curiosidad, simplemente quieren saber qué tienen para decir sus animales. Xiomara sabe que el vínculo de las personas con sus animales cambia una vez termina la consulta y para ella esos son momentos de felicidad: “Son seres a los que amamos, por eso lo que ellos dicen de nosotros lo recibimos de una manera diferente. Los animales hablan desde el corazón y por eso creo que lo que yo hago son terapias para el alma. Muchas veces la sanación de las personas se da por lo que ellos dicen de nosotros”.

    Una foto publicada por Xiomara Rodriguez (@xiounedosmundos) el

    No siempre es fácil transmitirles a las personas lo que los animales tienen para decir. “Siempre doy el mensaje, aunque a veces tenga que ponerme un filtro porque hay cosas que son duras de escuchar y de entender”. Según cuenta, hay mascotas que han revelado infidelidades, malos tratos, enfermedades, incluso las que manifiestan que no desean vivir con su familia. “Algunas historias te marcan —dice— porque cuentan experiencias muy duras, porque son muy divertidas o porque son extremadamente particulares en las cosas que cuentan”.

    Los animales que más atiende son perros, gatos y caballos, “porque son los que están en mayor contacto con nosotros. Pero la conexión es con todos los animales”. Sus consultas le reafirman que todos los animales son diferentes y que ninguno de ellos llega a la vida de sus amos por casualidad. “Tienen un propósito. Llegan a nuestras vidas para acompañarnos en un proceso de aprendizaje. Muchas veces incluso nos hacen ver cosas de nosotros mismos que, cuando no intentamos justificar desde la razón y conectamos con nuestra emocionalidad, podemos identificar”.

    Sin embargo, advierte que siempre se debe tener claro que son animales y que no se les debe endiosar ni permitir una vida sin límites. “Es muy lindo al final de la consulta que las personas te digan que ya no pueden ver a sus mascotas con los mismos ojos, les cambia la visión y la perspectiva hacia los animales. Pero no por eso hay que dejar de lado los límites. Me preocupa cuando las personas olvidan que perro es perro, gato es gato y caballo es caballo. Los podemos amar pero siempre hay que tener esos límites”.

    En su consulta, Xiomara Rodríguez se enfrenta constantemente a una duda muy humana: “Detrás de lo que me suelen preguntar las personas siempre está esa necesidad de saber sí están haciendo las cosas bien”. Una vez recibió de urgencia a una mujer y a una perra adoptada, que según la veterinaria tenía un soplo en el corazón y se podía morir. “Cuando las vi, supe que la perrita tenía una gastritis crónica y no un problema cardíaco”. La mujer estaba atravesando un momento personal complicado y la gastritis de la perra era el reflejo de esa tristeza. A su vez, la mujer se sentía culpable por no haber podido evitar que su mascota enfrentara el maltrato animal antes de que llegara a su vida. Según Xiomara, la perra le transmitió un mensaje: no le importaba lo que había vivido, pues ahora tenía una buena vida. La mujer se tranquilizó, superó la angustia y se liberó de la culpa. Quizá por casos como este Xiomara Rodríguez afirma que lo que ofrece son terapias de amor para el alma.

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